Los Olvidados de Maracay

Los reportes de objetos voladores no identificados (OVNIS) en Venezuela, siempre han sido un tema controversial para la historia sudamericana de la ufología. Desde los archivos desclasificados sobre los Niños de Falcón en 1910, que presentaron extraños comportamientos precognitivos tras un Encuentro Cercano; el caso del OVNI que cayó en Petare en 1954, cuya explicación oficial no convenció a los medios... y los frecuentes reportes de avistamientos sobre grandes ciudades. Hasta el supuesto enfrentamiento aéreo de las Fuerzas Armadas contra una nave desconocida sobrevolando el yermo montañoso de Maracay durante la Operación Luz Roja. Los estudios sobre fenómenos aéreos anómalos y la cuestión de sí estamos solos o no en el universo, son inquietantes causas de debate entre los círculos académicos de la nación. 

Desde la fundación del país como territorio de la Corona Española, bautizada Tierra de Gracia por Colón en su recorrido por el Orínoco, hasta que Américo Vespucio sugirió el nombre «Venezziola» (Pequeña Venecia)... estableciendo la Capitanía General de Venezuela como provincia del Imperio. Y su posterior proclamación como república independentista, y las sucesivas guerras federales que anegaron de sangre la nación... hasta el descubrimiento de la mayor reserva petrolera del mundo, y los sucesivos saboteos políticos que la convirtieron en un Estado fallido. Esta zona caribeña siempre ha sido foco de actividad inusual, especialmente en el Catacumbo, cuya orografía la convierte en el área tormentosa más grande del planeta; y la cadena montañosa de Maracay, cuyo yermo fue epicentro de leyendas nativas sobre luces flotantes y expediciones que se desvanecieron en busca del Rey Blanco. Estos documentos redactados por escribas realistas hace trescientos años, sobrevivieron a las convulsiones de la Campaña Bolivariana, y los estudiosos de la crónica ufológica han discutido la posibilidad de que el país venezolano sea un punto de encuentro y aterrizaje para astronaves—y criaturas—, ajenas al entendimiento humano. 

En 1798, el sistema monárquico regido por el Capitán General Pablo Morrillo, enviado desde España para gobernar, estableció correspondencia con peninsulares y criollos de las provincias de occidente para ser advertido de unas esferas de fuego que volaban por las Linternas de San Antonio—antigua denominación del Relámpago del Catatumbo—:

«Cada noche vuelan por los cielos unas bolas blancas que zumban como inmensas moscas de fuego. Laten los relámpagos como un dios indígena que, enfurecido por la arrogancia de nuestros navíos, decide castigar el lago enviando una tormenta interminable».

Los testigos de estos fenómenos meteorológicos describieron formaciones de luces que provenían de occidente, y descendían al interior del Lago de Maracaibo en la madrugada. Las autoridades de la época sostuvieron averiguaciones en la provincia de Montenegro, en torno a una tradición de casamiento con estas personificaciones de otro mundo. 

Durante las permutaciones de la recalcitrante república y disolución de la Gran Colombia, los caudillos militares que asumieron la hegemonía conservadora, recibieron incontables denuncias en un espacio de cincuenta años. Declarando pérdidas por incendios en los sembradíos de los latifundistas ante el presunto «descenso de luminarias»—achacado indebidamente a grupos de cimarrones—, y arrebatos de viajeros nocturnos en las carreteras de Oriente por «apariciones del Llano Negro». Los Encuentros Cercanos en el Catacumbo fueron lo mejor documentado de esa época de trifulcas... Durante casi cien años—y existen tirajes con ilustraciones curiosas—, los periódicos advirtieron de corsarios y navíos fantasmales deambulando en el Lago de Maracaibo, y desapareciendo en la intermitencia de los relámpagos. Muchas veces tripulados por unos seres luminosos, cuya mera presencia era capaz de cegar la visión, cual manifiesto nocivo... como portadores de una aguda radiación nociva para los seres humanos. 

Una segunda oleada OVNI retornó al país con la consolidación de Juan Vicente Gómez en el poder político: unificando una nación de caudillos empoderados en un solo eje; y la promulgación de la Ley de Minas de 1905, por parte del presidente Cipriano Castro... que permitió la entrada de empresas de explotación extranjera, y el descubrimiento de la reserva petrolera más grande del mundo, con el reventón del pozo Barroso II en el campo La Rosa, en 1922. La fábula popular se enaltece a grandes voces diciendo que llovió negro durante varias horas tras la perforación.

Los ufólogos creen que los hipotéticos visitantes de otros mundos, conocen la situación en este planeta mejor de lo que imaginamos.

Uno de los eventos más importantes de la crónica ufológica venezolana ocurrió el siglo pasado, en 1910, con el contacto de una civilización intergaláctica en un pueblito del desierto de Falcón, llamado Santa Teresa de la Espina, (y fundado sobre un monumento autóctono abandonado tiempo antes de la conquista). La víspera de Nochebuena un resplandor iluminó el cielo nocturno del pueblito de artesanos, cercano al Istmo de Coro y los bancos de arena que arroja la marejada... e hizo vibrar la tierra como un pequeño temblor; despertando a los pobladores de la comelona navideña, solo para darse cuenta de que todos los niños habían desaparecido de sus camas. El escándalo se precipitó sobre los padres desesperados, pues en noches anteriores los niños habían dicho que unos seres de luz les mostraban los secretos del universo en sueños. Según el cronista de El Nacional en un artículo posterior, las luces atravesaban el pueblo como una lluvia de cometas dirigidas a la estructura megalítica donde los niños jugaban todos los días: una sucesión de bloques triangulares alineados en torno a una pirámide truncada de seis metros de altura. Sobre esta formación no hay estudios arqueológicos concisos, solo leyendas locales que relatan ceremonias de antropofagia para apaciguar los desaires de un dios con cabeza de ciempiés.

Los infantes fueron encontrados en círculo sobre la plataforma de la pirámide, bajo una luz suspendida como una estrella detenida, y los padres relataron a las autoridades haber visto unos seres blanquísimos—«como espectros de queroseno, Ave María Purísima, muchas mujeres nos desmayamos solo de la impresión»—. Los que intentaron acercarse sufrieron quemaduras en el rostro... y violentas convulsiones. Aquello duró unos minutos, pues los seres alargados—casi tres metros según registros oficiales—, se dirigieron a la estrella pálida flotando sobre la pirámide truncada, y fueron eyectados al cielo con una velocidad imposible para la época.

Lo que sucedió a continuación del contacto no tiene más veracidad que las leyendas orales de indios sin cabeza en el corazón guayanes, porque los implicados están todos muertos: la superficie de la pirámide estaba caliente al tacto, y otros dijeron que los escalones se habían derretido... como fundidos por un calor desorbitado. No hay fotografias que comprueben las supuestas cicatrices en los rostros de los niños; o sí en verdad durmieron durante cuarenta y ocho horas después del contacto. Nunca sabremos estas interrogantes, porque lo que ocurriría a continuación... cambiaría (o pudo haber cambiado), la historia de la humanidad.

Las autoridades de la Ciudad de Coro fueron a Santa Teresa de la Espina para registrar el hecho y enviarlo a los noticieros de la época, y al interrogar a los niños... quedaron desconcertadas por su inteligencia y capacidades innatas. El revuelo que levantaron estos infantes llegaría a la capital, y la Universidad Central de Venezuela enviaría una comisión de doctores para analizar el fenómeno. En los estudios redactados por el Doctor Eusebio Fuentes (1884—1939), se lee que los Niños de Falcón decían recibir mensajes telepáticos de una civilización en el otro extremo de la galaxia espiral... y manifestaron poderes psíquicos capaces de entrever los pensamientos de los doctores del caso, y prodigios precognitivos como la determinación de padecimientos con solo observar detenidamente el cuerpo. Junto a otros factores aislados como rapidez de cálculo en operaciones matemáticas, memoria fotográfica y capacidad intelectual incomparable a la media de aquella población. Los niños iban a ser trasladados a la capital para formar un seminario, pero debido a la precariedad de la investigación científica y la inestabilidad política... cayeron en el fatal olvido mediático. No existen archivos desclasificados o rumores sobre su porvenir en las permutaciones de un país sofocado por las revueltas.

No fue hasta 1954, con un supuesto accidente aéreo no identificado en el barrio de Petare, Nueva Bolívar; que se destapó la olla ufológica que hervía en las entrañas del Llano Negro y el yermo de Maracay. El catorce de febrero de ese año, se reportó el avistamiento de un objeto esférico sobre el Monte Ávila, finalizando con una explosión al atardecer del mismo día, que despertó el clamor en los testigos y un incesante flujo de patrullas con dirección a la montaña. El evento fue cubierto por la prensa de la época, y la explicación oficial señaló que el artefacto estrellado era un satélite espía estadounidense que cayó en los llanos. No obstante, días posteriores al accidente, arrojaron indicios de que un fenómeno sin precedentes ocurría en la región.

La caída del OVNI fue el comienzo de una locura alienígena que perseguiría a los viajeros de la carretera metropolitana, y a los habitantes de la Sierra de Nueva Andalucía. Tal fue el caso de Jesús Moreno, un conductor que fue perseguido por unas criaturas desconocidas, que se acercaron a su camión trotando como caballos. El audio de la grabación sobrevivió a la investigación oficial, y fue transcrito en el documento (es verdaderamente escalofriante):

«Eran como cuatro o seis... de la impresión no recuerdo bien. [Sigue nervioso, y evita mirar al interrogador]. No parecían animales cualquiera, ¿cómo decirlo? No parecían tener pelaje... pero estaban como enfermos, chillando bajo sol, con el pellejo quemado. Eran más altos que mi camión... como de tres metros de altura. [Traga saliva, pensativo... Las arterias del cuello tiemblan]. Trotaban, haciendo un ruido muy raro. Primera vez que veo unos animales sarnosos de ese tamaño. Tenía miedo de que se me pegarán al camión, se veían contagiados de Mal de Rabia, y podían causar un accidente grave en plena autopista. [Aprieta los dientes mirando fijamente al interrogador]. Menos mal que se metieron pal' monte, y maneje como pude a la ciudad. No vuelvo a pasar más por esa autopista, y menos de noche, que el Diablo anda loco».

Otros reportes fueron anexados al documento del OVNI en Petare: Encuentros Cercanos en carreteras durante la noche, la confrontación en la Sierra de Nueva Andalucía, el Avistamiento de la Nave Hummita en la autopista Simón Bolívar (2000), decenas de sobrevuelos a ciudades capitales captados por los radares, y las fotografías originales de la Nave de Maracaibo. El caso se cerró en 1980, pero en años posteriores se siguió alimentando con archivos de criaturas humanoides y especímenes capturados en el Llano Negro y la Amazonía, que parecían traídos de otros mundos. Cuando este polémico caso fue tendencia en prensa y televisión, no faltaron académicos nombrando dioses autóctonos como Amalivaca, el Creador del pueblo Tamanaco, avivando la teoría de los Antiguos Astronautas: hipótesis cronológica de que la Humanidad fue creada por una civilización más avanzada que visitó el planeta en la prehistoria (véase Dioses de Venezuela, Emmanuel Urbina, 2010).

La actividad anómala en los cielos venezolanos llegaría a un apoteósico punto crítico con el Incidente de Luz Roja sobre el Valle de Maracay: un yermo depresionado sobre el que se levanta la ciudad, atravesado por carreteras de circulación y bordeada por montañas forradas de verdor. Uno de los encuentros más aterradores de la historia ufológica sudamericana. El 1 de Noviembre de 2013, un resplandor rojo iluminó el cielo nocturno de Maracay con una intermitencia de treinta segundos... provocando un pánico colectivo en la población, con creencias profundamente arraigadas sobre unas criaturas gigantes que dormían bajo las praderas del yermo.


A las veinte con cero horas, estas luminarias rojas acompañadas de fenómenos meteorológicos eléctricos sembraron el terror... y diversos apagones amenazaron con provocar accidentes graves en la población. Junto con registros de tenues decibelios que llegaban de las alturas, afectando la psique de las personas. Durante el recrudecimiento de la tormenta eléctrica, fueron avistados numerosos objetos volando a gran velocidad... por lo que el gobierno venezolano supuso que estábamos siendo atacado por una fuerza extranjera—las tensiones con Colombia estaban en su punto álgido—; y ordenó una ofensiva de la Aviación Militar Bolivariana para neutralizar al enemigo. Las naves de combate son limitadas en este componente del ejército, pero se desplegó al Escuadrón de Caza N.º 33: integrado por cinco Sukhoi Su-30 y un F-16 Fighting Falcon para reconocimiento aéreo. Mientras que en tierra se preparó el sistema de defensa antiaérea, armado con misiles tierra-aire 9K37 «Buk». 

El Mayor General Santiago Infante Itriago dirigió la Operación Luz Roja desde el Comando Aéreo de Nueva Bolívar, en conexión con la Base Aérea de Maracay. Los cazas surcaron el cielo tormentoso, rompiendo la barrera del sonido, dejando una estela púrpura... como la punta de lanza de la aviación venezolana contra la amenaza desconocida que surgía de aquella nube de polvo cristalino y sangriento. Los pilotos relataron que los objetos desconocidos se perdían fácilmente en la nube de relámpagos escarlata, y sus trayectorias cambiaban bruscamente... violando leyes físicas sujetas a la gravitación. El piloto Jesús Fuentes las describió como «esferas plateadas de seis metros de diámetro». La transmisión de vuelo es fascinante: cuatro esferas brillantes de mercurio electrificado viraron en su trayectoria y se reunieron en un punto, en medio de las nubes tormentosas. El Mayor General ordenó el derribo inmediato de la amenaza. 

Los cazas se lanzaron al corazón de la anomalía...

Fue entonces que los sistemas de comunicación fallaron, y los pilotos desaparecieron en la bruma incandescente de la tormenta. La Base Aérea de Maracay intentó desesperadamente contactar al Escuadrón N°33, pero se habían esfumado en el zumbido electrostático. La operación terminó cuando la nube tormentosa se disipó, iluminando el Valle de Maracay con los faroles del amanecer. Los sistemas electrónicos de la ciudad presentaron averías por un supuesto PEM, provocado por una tormenta solar—o eso explicaron los noticieros—, y se programaron equipos de búsqueda terrestre para recuperar las desaparecidas aeronaves, pero jamás se hallaron restos en el yermo... como si los Olvidados de Maracay hubieran sido arrebatados de nuestro mundo por una fuerza desconocida. 


Las Formas del Deseo

«Gerardo Steinfeld, 2025»

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