La Extraña Piedra Betancourt

Informe de recuperación del artefacto anacrónico identificado como Piedra Betancourt, después de su rastreo en una de las numerosas favelas en el sector marginal de Nueva Bolívar, conocido popularmente como Barrio Venezuela. Los agentes fundacionales Rafael Sandoval y Frederick Rojas fueron delegados para la operación, tras los reportes clínicos sobre un hombre que escupía fuego... y otro que sufrió una evisceración traumática masiva—es decir sus vísceras explotaron fuera de su barriga—, en el barrio perimetral de la capital.
El especialista informático Victor Horacio, del Departamento de Análisis de Datos, rastreó la posición en una conjunción de favelas inhóspitas del sector, habitadas por vagabundos desamparados y adictos a los psicotrópicos. Los hombres, con el equipo de protección biológica adecuado y el maletín de contención, barrieron las chozas formadas por tabiques de plástico y láminas de zinc en busca del artefacto extremadamente peligroso identificado como «Piedra Betancourt».
Después de horas de requisición e interrogatorios a la población disidente de la zona, los agentes ingresaron a un caserío abandonado en el que anidaban pordioseros drogadictos, encontrándose con una escena lamentable en torno al artefacto. Según las fotografías referenciales y documentos relativos, la Piedra Betancourt es un objeto esférico de catorce centímetros de diámetro, posee una coloración rosada y una textura rugosa; (y todo el que la toque sufrirá fuertes alucinaciones).
Aquel artefacto extraño estaba posado sobre un escritorio viejo, rodeado de indigentes adormilados y drogadictos de ojos saltones que vociferaban a grandes voces, en medio de una tertulia desquiciada, producida por la alteración psicotrópica.
Los agentes habían estado conversando sobre el desempeño de los japoneses y venezolanos en la liga americana de béisbol; pero callaron inmediatamente, y el comunicador empezó a transmitir el audio de aquel tugurio de adictos. La mayoría en estado comatoso por la ingestión de opioides, como muertos en vida. 
«Entonces el Presidente Herrera Betancourt destapó el pozo petrolero de Punto Fijo, y él... y ellos... descubrieron lo que se removía en el agujero negro, y lo sellaron bajo catorce metros de concreto reforzado. Pero, eso no paró la producción de la refinería, ¿está temblando la casa? —El sujeto era un hombre raquítico de cabello rizado y bigote descuidado. Su aspecto era el de un delincuente tostado por la necesidad, y sus ojos llorosos parecían esgrimir una mariconera corrupta—. Oye, brother, ¿son los cazafantasmas o qué?».
Entonces, los agentes fundacionales se colocaron las máscaras de gas, desenfundaron las zamoranas nueve milímetros de sus uniformes grises de cuerpo completo y comenzaron a matar a todos los presentes. Uno de los adictos despertó de su estado—visiblemente alterado según los analistas de la grabación audiovisual—, y gritó enloquecido, abriendo fuego con una pistola ametralladora escondida en sus calzones sucios. Los agentes se lanzaron de pecho al suelo ante la lluvia de proyectiles... y Rafael comenzó a maldecir por haber caído sobre un charco de vómito, y tener que arrastrarse mientras las balas zumbaban sobre sus cráneos. Un grito se alzó sobre el estruendo: «¡Eso le pertenece a Barriga de Perra, malditas putas del gobierno!». Su compañero, Frederick, consiguió girar sobre su cuerpo y fulminar al enemigo con dos disparos en el pecho.
El adicto se desplomó con los ojos en blanco, tras un subidón orgásmico al cerebro por el paro cardíaco. No tardaron en matar a los pordioseros restantes de aquella favela de paredes de cemento carcomidas por la erosión y techumbre de lámina podrida. Catorce muertos en total, que aparecerían en los diarios como «un ajuste de cuentas entre bandas criminales por mercancía cortada con porquería»; y un agente bañado en vómito radioactivo que sería puesto en cuarentena temporal y sometido a análisis médicos preventivos. Ambos se acercaron a la Piedra Betancourt, cuya superficie rosácea lo hacía parecer el huevo fosilizado de un dragón bermejo... y se colocaron los guantes de elastomero, abriendo el maletín de acero reforzado mientras hacían alusión a los granos genitales de un gigante, y que el objeto era sumamente asqueroso. 
Frederick miró largamente a Rafael.
«¿Qué miras tú? —Respondió el segundo—. ¡La mamá tuya va a agarrar esa piedra! ¡Estoy bañado en mierda, por Dios!».
«Pero que fucking asco, brother—dijo Frederick antes de levantar la piedra con la punta de los dedos, y depositarla en el interior reforzado con goma aislante y plomo—. ¡Maldita sea el Diablo, me voy a vomitar en la máscara!».
«¡No vayas a vomitar, maldito! ¡Este espacio está contaminado!».
Afortunadamente, no lo hizo... y recuperaron el objeto sin complicaciones. La zona sería clausurada, y los cuerpos incinerados y depositados en una fosa común por las autoridades gubernamentales como simulacro de prevención. La extraña Piedra Betancourt sería resguardada en una celda de concreto armado, en las profundidades de una de las instalaciones fundacionales... cuya ubicación secreta no puede ser revelada al público.
Este informe fue desclasificado en octubre de 20XX, por decreto de [CENSURADO].

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