El Apóstol del Dios de la Carne

Con este informe termina una de las persecuciones policiales más complicadas en la ciudad de Nueva Bolívar, de parte del Instituto de Seguridad Pública respecto al Caso Dios de la Carne. Soy el Presbítero Jonathan Jiménez, número de cédula [CENSURADO], y junto al Agente Especial Samuel Wesen, sin cedular por causa incierta, dirigimos la búsqueda personal contra un Mago Negro identificado como Eliphas Levi, apóstol de una entidad que buscó sumergir la capital y el país en un caos indescriptible. 

Los reportes de desapariciones forzadas en el Metro Subterráneo del Sector Altamira preocuparon a las autoridades con la presencia de un grupo sectario escondido en los niveles clausurados de la estación. Y un procedimiento del CICPC identificó a estos individuos como miembros de un culto satanista que rendía culto a un demonio horripilante a través de sacrificios humanos y perversiones físicas. La desmantelación de esta célula en mayo del 2021 levantó un telón mediático que escondía atrocidades en nombre de potestades, y un mes después el caso fue trasladado al INSEP por autorización del gobernador Ignacio Requena. 

Me fue asignado este caso por su naturaleza fanática-extremista, y junto al Departamento de Análisis me dediqué a revisar los interrogatorios transcritos de los detenidos y la redacción científica respecto a la entidad conocida como «Dios de la Carne», por estos sectarios. Añado el interrogatorio del sujeto [CENSURADO], por el inspector James Silva. 


Expediente Caso "Dios de la Carne"

Archivo #12: Interrogatorio de [CENSURADO]

Fecha 17/05/2026.

Interrogador: Inspector James Silva.


[El individuo posee un aspecto demacrado y amarillento. Cuerpo y rostro cubiertos por tatuajes que representan signos cabalísticos. Usa una túnica oscura manchada por residuos y químicos utilizados en sus procesos].


James Silva: ¿Te parece bien que te llame por tu nombre? ¿No? Bueno. [El sujeto clava una mirada penetrante en el inspector mientras contiene el aliento]. Me referiré a ti como Obatalá, porque así te gusta que tus compañeros te llamen, ¿verdad? [El sujeto afloja la respiración sin parpadear]. Por lo que confesaron los otros, tú eres el organizador de la secta, ¿me equivoco? Tú fuiste el que mandó secuestrar a esas mujeres embarazadas, ¿no? También el que empuñó este objeto punzante. [El Inspector levantó la evidencia ante el sujeto: un cuchillo artesanal de hueso que data del paleolítico]. Y por lo que veo... uno de los apóstoles de ese fantasma místico que habita en el fondo de las constelaciones, ¿verdad? [El sujeto reaccionó ante el cuchillo con un parpadeo y un movimiento de cejas afeitadas]. ¿No eres muy conversador, verdad? Bueno, esto te hará hablar. [Saca unas fotografías de un sobre manila y se las muestra]. Este eres tú, [CENSURADO], de Ciudad Zamora. Graduado en enfermería e hijo de una familia católica de Barrio Alegre. Parece que de chamo querías ser cura, ¿no? ¿Cómo un muchacho devoto y de vocación generosa terminó convertido en... un cenobita sin voz? 

Obatalá [con voz pausada y nasal por el desuso]: Dejé de intentar vivir. Este cascarón está corrupto, y jamás alcanzará la divina luz. Pero eso nunca lo entenderás...

James Silva: ¿Y esa divina luz es Dios, Jesucristo? ¿O... Satanás?

Obatalá: Es la Eternidad.

James Silva: ¿Y qué tiene que ver eso con mutilar embarazadas? [El sujeto no respondió, se limitó a mirar el vendaje en su mano]. ¿Por eso te mutilaste la mano, verdad? [Le dirigió una mirada cargada de odio al inspector. Los oficiales afuera de la sala convinieron en intervenir]. ¿Qué significa ese pentagrama que dibujaste con sangre en la celda de confinamiento? 

Obatalá [Estaba al borde de un estallido]: Eso no era un pentagrama, ignorante.

James Silva [Aparta el cuchillo envuelto en plástico de la mesa y señala las fotos]: ¿Qué dirían tus papás si te vieran? ¿O también los ofreciste a tu dios ficticio? [El sujeto comenzó a reaccionar con rabia contenida. Sus ojos enrojecieron y mostró sus dientes picados en una mueca]. Será transferido a un manicomio, pero... si yo fuera el juez le daría la pena máxima. Lo que hizo no tiene perdón de Dios [El sujeto golpeó la mesa con las palmas. Su vendaje se manchó de rojo]. ¡Usted es un degenerado! ¡Pasará el resto de su vida encerrado!

La explosión violenta fue predecible, y los policías fuera del recinto actuaron a tiempo. Lo que no previeron fue la reacción del fanático religioso: se levantó de la silla con un chillido y señaló al inspector haciendo un signo con la mano herida. Las palabras del sujeto quedaron registradas en la grabación:

Obatalá [Se rasga la túnica y se dibuja un símbolo en el pecho tatuado]: ¡Odrareg, never son toson! 

Los policías sentaron al hombre en la silla y el inspector salió para llenar el formulario de declaración. El sujeto sería devuelto a su celda de confinamiento por su incapacidad de convivir con otros detenidos.

Nota: Esa noche el sujeto desapareció de su cubículo y fue imposible localizarlo. Adjunto fotografía del extraño pentagrama dibujado con sangre. Dos días después del interrogatorio, el Inspector James Silva murió de un infarto de miocardio fulminante.


Con esta premisa, el Gobernador no dudó en delegar el caso a Seguridad Pública, y nadie mejor que yo, que estoy con el Rey de Reyes para purgar la Tierra de las fuerzas malignas. Fue reasignado conmigo el agente Samuel Wesen tras un período de servicio rural por participar en las carreras clandestinas de Ciudad Zamora. «Carrera en la cual hurtó mi Bera y apostó contra el otro en una misera Empire, cien dólares a quien llegue primero al Puente Angostura desde el puesto de control de Marhuanta». 

Ambos nos embarcamos en una investigación que nos haría replantear los límites del fanatismo, y los secretos detrás de la Constelación del Dragón que las grandes organizaciones espaciales nos esconden. Envié a Samuel Wesen, la espada ardiente de Miguel Arcángel, a investigar los túneles subterráneos y las alcantarillas en persecución de lo desconocido. Este fenómeno con el aspecto de joven quinceañero es un homúnculo de cabello y ojos rojizos, creado por un mago irregular de Montenegro, que lleva en su sangre un compuesto piroeléctrico; y guarda un complejo de rebelde sin causa bajo el overol gris del uniforme. No entra en la clasificación Xenohumano, más bien está registrado como Mago de Segundo Nivel en las tablas del INSEP.

En esta redacción no me meteré en aquel submundo de concreto armado y aguas negras desviadas, los reportes de caníbales y críptidos captados ya están más que documentos en la web. Samuel conoce a los sectarios inmortales del Metro por períodos investigativos previos, y sabe cómo moverse entre los habitantes de la acrópolis; pero fue la grabación del Agente Carmelo Guadalupe la que puso en alerta roja a la institución capital. Este archivo adjunto al expediente detalla una conversación entre la Agente Agregado, Cristina Tabare, y el Agente Guadalupe en una patrulla tras arrestar a un acosador denunciado ante la comisaría. Este individuo fue identificado como Rafael Sánchez: un Mago del Registro Taumatúrgico que operaba en Aragua con una Licencia de Alteración Ontológica. Al parecer, estaba siendo perseguido por el hampa debido a un tráfico de especies exóticas en el puerto que fue decomisado. 


Expediente Caso "Dios de la Carne"

Archivo #17: Grabación de la Patrulla J-270109

Fecha 24/07/2026.


Son las 4:33pm en el Municipio Chacao, Nueva Bolívar. Al volante de la patrulla el Agente Guadalupe atraviesa las avenidas abarrotadas mientras la Agente Agregado Cristina Tabare masca chifles mentoladas. En el asiento trasero, esposado, el sospechoso es trasladado a la comisaría para ser interrogado. Fue detenido por supuesto acoso en un departamento del Sector Jipijapa: madriguera de magos irregulares y drogadictos. 

Suena Retrovisor de Caramelos de Cianuro en la radio. La cámara a bordo capta como la mujer se acomoda los lentes negros al puente de la nariz operada y mira las fotografías que decoran el interior de la patrulla. Agarra lo que parece ser un llavero y lo estudia.

—Yo antes era mariachi —Guadalupe sonríe, con el rostro moreno y tranquilo.

—¿En serio?

—Sí, tocaba las maracas.

Cae el silencio, el individuo se muestra inquieto en la parte trasera y voltea a ver a las ventanillas. Paran en un semáforo y el agente voltea a ver a su superior. Una sonrisa irónica ilumina su rostro.

—¿Y usted qué era antes?

—¿Yo? —La mujer se endereza los lentes oscuros y revisa el contorno de su labial en el retrovisor —. Aunque me cueste decirlo... era enfermera.

—¡¿Usted?! No lo puedo creer.

Cristina asiente con modestia. Rafael Sánchez se inclina hacía adelante.

—¿A dónde me llevan? —Pregunta. Los ojos verdes en el rostro indio como de felino alerta.

—Ya te dijimos que hay una denuncia en tu contra por acoso.

—Pero...

—Y tu licencia está vencida desde el año pasado. No puedes rondar Jipijapa sin que salten las alarmas. Mientras el CICPC hace averiguaciones, estarás detenido.

Eso conmocionó al hombre. Un brusco cambio en su nerviosismo lo hizo saltar del asiento.

—¡No puedo, no puedo! —Intentó quitarse las esposas con los dientes —. ¡No puedo quedarme aquí! ¡Ellos lo sacarán de su jaula! 

Los agentes se miraron preocupados, y Cristina arremetió contra el detenido desplegando su habitual carácter: lo empujó con una mano y le gritó un «tranquilízate». Pero al parar en el siguiente semáforo el sujeto estaba fuera de control: gritando incoherencias y murmurando barbaridades.

—¡Es la Muerte, es la Muerte! —Su rostro moreno enrojecía y palidecía en arrebatos mientras se mordía las manos —. ¡Si hubieran visto lo que...! ¡No puedo, no puedo! —Abrió la boca y se le cerró la garganta con la lengua enredada. Se llevó las manos esposadas al cuello —. ¡Esto es horrible, es horrible! ¡Me... si les digo...! ¡Es el Culto de la Carne! ¡Por el Puerto de la Guaira...! ¡En un departamento...!

—¡Tranquilízate! —Le ordenó la Agente Agregado, y una distorsión estática nubló el audio. 

El detenido sufrió un temblor imprevisto y se hundió en el asiento con la mirada ausente. Cristina se inclinó para toser sobre sus manos, y Carmelito le pasó una toallita para limpiar la sangre de sus labios. 

—Desgraciado —acusó a Rafael a través del retrovisor —. Mira lo que hiciste.

Cristina se limpió la flema sanguínea de los labios y desechó la toalla por la ventanilla. La música: «A todos nos gusta mirar hacia atrás... Pero yo escojo no verte más». 

La cámara captó el momento exacto cuando Rafael Sánchez desapareció. No fue un fogonazo espectacular o un estallido de escarcha: se hundió en el asiento como si estuviera orinando, y un segundo después... ya no estaba.

El Agente Carmelo Guadalupe miró atrás y pegó un grito.

«Me voy buscando una suerte mejor... Voy a arrancar el retrovisor».

Nota: Rafael Sánchez fue visto meses después en el Llano Negro, haciéndose pasar por un brujeador de caballos cimarrones. 


Ese mismo día, Samuel detuvo a un Mago Negro involucrado con este culto, que liberó información sobre un cargamento enviado desde Somalia, un país africano, a nuestra costa. Este era un individuo con varios cargos asociados al tráfico de estupefacientes e intentos de homicidio, y en la declaración pidio ocultar su nombre mientras era procesado. Era un zambo de los arrabales que rodean Nueva Bolívar como hongos hediondos: pobre y raquítico como un ratón marrón. 

El Agente Especial lo interceptó en uno de los túneles subterráneos que conectan el Metro de Nueva Bolívar con las alcantarillas de la Guaira. Estaba huyendo.

«Eliphas Levi está en el país —declaró ante Samuel —. Trajeron una vaina arrecha de porallá de África. No sé qué sea... Solo sé que con eso no se podrá vivir ni por la capital ni pa Occidente cuando lo suelten».

Intentó resistirse al arresto, disfrazado con una túnica oscura y una máscara de diablo, y tuvo un enfrentamiento contra Samuel Wesen en las tuberías desagüe. Señor Comisario en Jefe, ya conoce la mala maña de este muchacho para alterar los hechos a su favor. Hubo reportes desde Altamira hasta Jipijapa de que el drenaje estuvo echando humo, pero eso se convirtió en especulación. La «Teúrgia sobre Cohesión Molecular» que el Agente Especial domina es más que una destreza sobre los líquidos y vapores. A mí me contó una batalla mística con serpientes de agua, cuerpos acuosos hirviendo y otros arcanos... pero yo opino que el fugitivo se desmaterializó al primer estallido de vapor de mi ahijado.

Una masacre en las favelas de Barrio Venezuela y un asesinato orquestado en las afueras del Ministerio de Salud contra un director, reveló una guerra intestina entre los círculos ocultistas de la capital. La persecución comenzó cuando el nombre de Eliphas Levi fue ingresado al sistema. Se dispararon las alarmas y las instituciones se paralizaron: la Guardia Nacional cerró las autopistas, el CICPC movilizó unidades para detener a todos los irregulares en el Registro Taumatúrgico y Seguridad Pública hizo un llamado a todos los agentes del Estado para cercar la ciudad. Un lema se repitió en radio, televisión y redes sociales: «Eliphas Levi está en la ciudad». Se fumaron tabacos para abrir los caminos en las azoteas de Jipijapa y se cerraron los comercios del área metropolitana a las seis de la tarde. El alcalde de El Hatillo declaró un toque de queda de lunes a viernes, y los concejales de Baruta siguieron su ejemplo. «Eliphas Levi está en la ciudad». Iglesias protestantes en Los Palos Grandes hicieron una cadena de oración y en Gran Sabana le prendieron velones a José Gregorio Hernández y San Miguel Arcángel. Durante la comunión de la Iglesia Nuestra Señora de las Nieves, el Sacristán oró para que Dios intercediera, y el Ministro de Defensa se reunió con el Gobernador en el Palacio de Miraflores para postergar el regreso del Presidente de la República de su viaje a Cuba.

«Eliphas Levi está en la ciudad».

Se pintaron pancartas y se realizó una marcha universitaria frente al Palacio de Justicia: «¡Ya basta de mentiras!», se leyó en las carteleras mientras los estudiantes protestaban para que el gobierno aliviase las medidas contra el supuesto terrorista apoderado de la capital. «¿Hasta cuándo?» rugían los comerciantes y ociosos hartos de horas muertas. Pero en el fondo, todos presumían una verdad que parecía mentira. 

Eliphas Levi está en la ciudad.

Los policías detenían a cualquier encapuchado en motocicleta y atascaban las avenidas mientras revisaban exhaustivamente los vehículos de carga. Por redes circulaban vídeos sobre esta figura: biografías estrafalarias y mentiras mil veces contadas que se convertían en realidad cuando en los noticieros recordaban:

«Eliphas Levi está en la ciudad».

Los helicópteros sobrevolaban los departamentos de Altamira y Prados del Este iluminando las azoteas mientras los tanques y camiones recorrían las avenidas con militares armados en busca de un fin inverosímil. Los niños gritaban con la nariz pegada a las ventanas: «lo agarraron, lo agarraron»; pero era una verdad a medias. Los avances que reportaban las autoridades ante el Ministerio de Defensa eran «retrocesos estratégicos», y ciertos influencers empezaron a justificar al Apóstol del Dios de la Carne como un mensajero del Apocalipsis. Se dignificó su vida y obra como un Ché Guevara moderno: un guerrillero espiritual que aspiraba a una causa loable en contra de la autocracia venezolana. Se lo llamó el Fidel Castro del norte de Sudamérica, y los socialistas celebraron una conmemoración por un camarada revolucionaria... mientras que una visión más nacionalista aspiró un líder rebelde que traería resolución a los conflictos morales. Se reunieron en las calles ante el Congreso para manifestarse, y se intentó suprimir esta enajenación colectiva con tanques de agua y gas lacrimógeno.

«Eliphas Levi está en la ciudad».

Entonces, usted autorizó las últimas medidas del INSEP y en la Cofradía se celebraron Contratos de Sincretismo para esclarecer el paradero del primer enemigo público. Los Auditores permitieron que Agentes oficiales y asesores se abrieran las muñecas en cuartos oscuros para perseguir la sangre, y se derramaron incontables brebajes sobre fotografías de la ciudad. Bajaron de un mundo extraordinario a números espíritus, y ninguno pudo responder la pregunta. ¿Eliphas Levi está en la ciudad? Era un enigma que se asentía en la oscuridad con una sonrisa. ¿Cómo es su arma de destrucción masiva? Algo que nunca hubiéramos podido imaginar.

Un vidente en Jipijapa sufrió una sobredosis de opioides y volvió del Valle de Huesos con una expresión enloquecida: «es inmenso, más inmenso que el sol. Más grande que cien soles encuñetados. Grita con sus millones de ojos. Es como una mata de plátano cubierta de piel humana». Murió antes de llegar al hospital, pero su mensaje se difundió en las redes. Todo mundo supo de inmediato. Todos miraron a sus pies, intuyendo el malestar de un submundo que nunca terminaba de morir.

Eliphas Levi está en la ciudad.

Las protestas crecieron y la violencia se multiplicó conforme se perdía la razón. Se sentía el odio en las calles contra un sistema que pronto vería su fin. Hasta que una llamada lo cambió todo. Los oficiales del SEBIN habían ubicado correos encriptados que partían de ciertas regiones, pero una sola llamada fue suficiente para triangular la posición.

—¿Aló?

—Hola, soy yo.

—¿Qué pasó?

—Nada, yo... te extraño.

—Ajá.

—Sí, me... siento muy solo sin ti.

—Yo me sentía sola contigo.

—Lo sé, yo... Lo siento. Para mí es difícil sentirse amado. Mañana todo terminará y yo... no sabía que tenía estos sentimientos.

—Ujum...

—Por si no te vuelvo a ver... Quiero que sepas que sí te amé, y te llevaré siempre conmigo: en los bordes afilados del cerebro, entre los dedos, y en el centro del centro de lo que soy... y de lo que queda. 

Una llamada lo hizo perder la guerra. Miles de patrullas se movilizaron, el ejército acordonó el área: un entramado de cámaras bajo el Panteón Nacional. Estaba rodeado. No había escape ni piedad para los malos.

Eliphas Levi está en la ciudad.

Los simpatizantes de este lunático se afianzaron en una protesta encarnizada para su liberación, pero las fuerzas del orden no les permitieron acercarse. Los Agentes iban a entrar escudados por el Ejército Nacional y matarían a todo aquel que encontrarán antes del susodicho, y la hora de la operación se fijó lo más pronto posible. El nigromante buscaría algún medio para esfumarse, y los cuarteles de Seguridad Pública trabajaban sin descanso para «cerrar los caminos» en una vigilia perpetua. 

Al frente de la Operación Limosna Roja se colocó usted, el Comisario en Jefe Ismael Velloriní, y yo, que precisé de un Catatumbo sobre un edificio para ver lo que ocurría desde mi posición. Se hablaba en voz baja ante el Panteón Nacional: un monasterio con una torre robusta y dos torres laterales simétricas; blanco marfileño con molduras ocres sobre una escalinata de mármol negro. Descanso eterno de los héroes de la Independencia y personajes ilustres, pero...

Eliphas Levi está en la ciudad. «Y eso estaba allí adentro».

El Ejército Nacional se abalanzó sin mesura con gran armamento en el centro histórico de Nueva Bolívar, y la policía se desempeñó en la prematura evacuación. La Agente Agregado Cristina Tabare penetró en la edificación seguida por una división de la Brigada de Fuerzas Especiales, y el silencio que siguió a esto asemejó una calma sombría. Los periodistas transmitían en vivo lo que acontecía, y los escuché decir «se oyen disparos desde adentro», mucho antes de poder darles la razón. Tenía el ojo en la mira telescópica, y podía ver cada centímetro de aquella iglesia antigua... hasta que salió, posándose en la entrada como un resucitado del Santo Sepulcro: su figura alta y encorvada por el yelmo parecía un fantasma de sangre. La túnica roja chorreaba como un fuente, y el yelmo de oro despedía destellos como un segundo sol al mediodía. Era Eliphas Levi: glorioso y cadaverico; una contradicción que iba más allá de la vida y la muerte. Un heraldo de la Cumbre Escarlata que yacía bajo el sol tropical.

Nadie disparó... Eliphas Levi está ante la ciudad.

Se contuvo el aliento mientras la sangre corría en hilos por los escalones de piedra oscura, y sin previo aviso, las paredes de la iglesia se agrietaron y una explosión de escombros alumbró una criatura gigantesca que parecía el aborto de un abismo desconocido. Sus tentáculos de carne batieron las torres mientras los helicópteros volaban en círculos. Era una bola sanguínea de ojos y apéndices tubulares que crecían y se hinchaban. El fuego ametrallador de infantería se abrió como una picadora de carne y los oficiales de artillería dieron luz verde a los lanzamisiles Ve-Nilangal y los tanques T-72B1 de nuestros aliados rusos. El monstruo retrocedió en un mar de explosiones que lo hacían despedir chillidos indescriptibles... hasta que una orden fue dada desde arriba mientras el ritmo de crecimiento dividía opiniones.

La Base Área de Maracay desplegó una formación de cazas Sukhoi Su-30MK2 que sobrevoló Nueva Bolívar en minutos, dejando caer misiles antibuque sobre la criatura. La explosión abrasó el pellejo y el cartílago dejando un tumor carbonizado que fue rodeado por vehículos con lanzallamas para frenar su «reestructuración celular». Aquellos restos fueron acordonados por Seguridad Pública ante una emergencia de riesgo biológico, y se montó rápidamente una carpa para diseccionar y contener a la criatura. De aquellos informes ninguno está disponible al público, y los restos fueron traslados al Instituto Militar Cacique Guaicaipuro de Nueva Andalucía para un estudio exhaustivo. 

Eliphas Levi había muerto: fusionada con aquella masa de carne que solo sabía consumir y crecer; junto con Cristina Tabare y los brigadistas fallecidos. De los restos físicos en el Panteón no se ha querido hablarle. ¿Quién sabe qué oscuro desenlace hubiera acontecido de no estar preparados con artillería pesada? Esa llamada a una mujer desconocida fue la ruina de Eliphas Levi, o quizás... la salvación de un mundo incapaz de comprender lo que pasó. Todo seguirá siendo un misterio hasta que se publiquen los resultados de la investigación. Mientras tanto, este caso sigue cerrado. 


Antología: Duendes y Espantos

Gerardo Steinfeld 2026

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