Crónicas de Ciudad Zamora: El Asesino del Infierno

Yo creo en muchas cosas que no he visto, y ustedes también, lo sé...

No se puede negar la existencia de algo palpado por mas etéreo que sea

No hace falta exhibir una prueba de decencia de aquello que es tan verdadero

El único gesto es creer o no...

Algunas veces, hasta creer llorando

I.

Quizás eran las lluvias deprimentes de la temporada, que ocasionó que el río saliera por los bordes del Malecón y desató un estado febril de desasosiego. Y por eso esa mujer en la ciudad vecina envenenó a sus niños pequeños con matarratas, o ese viejo que violaba a sus sobrinas y que fue apuñalado hasta la muerte en la cárcel municipal. O ese niño que mató a su hermano al jugar con la pistola cargada de su papá. Y ese cura que mató y violó a su hermana por celos de su compromiso matrimonial... Y la temporada de aguaceros no parecía ceder ante el deslave de tragedias. El primer asesinato ocurrió la madrugada del 15 de octubre de 2018, y fue tan espantoso y perturbador que aún sigue siendo objeto de estudio entre los sociólogos sobre la válvula de violencia en un país oprimido. 

Me había mudado a Ciudad Zamora para cursar Derecho en la Universidad Oriental y la casera—esa vieja loca adicta al café y los cigarros—, me sentenció por ignorante con el peor compañero de piso que arrendaba en su edificio de pintura desconchada y paredes chismosas en el centro de la ciudad. Aquel hombre joven tenía fama de lunático y vulgar entre los hospedados por su procedencia maracucha, pero no tenían idea—ni yo la tuve en un principio—, del genio incomprendido que tejió todo un círculo de adoración en aquel pequeño departamento frecuentado por las víctimas de los filtros amorosos y los peligros metafísicos; y más tarde, por cientos de policías tras la pista de su misteriosa desaparición. Mi primera impresión fue un matiz de autosuficiencia en su fisionomía imperturbable, propensa a la parafernalia incompatible de los símbolos católicos y los talismanes espiritistas. Lo encontré en la estrecha sala frente a varias jovencitas de aspecto risueño, leyendo la baraja española a la vieja usanza adivinatoria sobre una mesa cuadrada. Al sentir mi presencia, levantó su mirada de terciopelo aguamarina, enmarcada en un rostro sonrosado que se rehúsa al poblamiento del vello facial.

Lo saludé, con la mano extendida y una sonrisa cordial... Un gusto, soy Salvador García, y vengo de Montenegro. Me examinó con sus ojos meticulosos, como quien mira un mono que descubrió los enigmas del lenguaje humano. Quizás mi indumentaria eclesiástica: compuesta por camisa negra y alzacuellos sacerdotal, lo haya disgustado... porque solo se limitó a decir, riendo: «qué cosas». Y continúo con su sesión de adivinación... Fue entonces que conocí a José Luis Montero, mejor conocido por la policía científica como el Brujo de los Palos Grandes. Había comenzado la universidad por esas fechas, e intentaba concentrarme en mis deberes de derecho a pesar de las excentricidades de mi locuaz compañero de alquiler... que cada día se superaba en sorprenderme. Luis Montero era propenso a la meditación al desnudo, y a la comunión con seres invisibles en su desolada habitación, únicamente iluminada por velas. Lo había encontrado dibujando extraños símbolos y fumando en silencio... tras despachar a sus risueñas amigas, que venían a conocer sus designios zodiacales y futuros próximos en la baraja española. No era un bebedor bochornoso, lo había visto hundirse en pensamientos tras el paladeo de la cerveza fría... y las pocas veces que intenté interactuar con él fuera de su elemento, se mostraba cretino y burlón como un gato arisco.

Al principio, pensé que era un brujo moderno estancado en la clarividencia del tabaco, la cartomancia y la teúrgia silvestre... pero, después de intercambiar pequeñas tertulias filosóficas, descubrí que su estudio se extendía a campos más oscuros e importantes de los Grandes Misterios. Era un Metafísico ducho, conocía las jerarquías infernales de la Demonología, y dominaba la Teología como un hombre beato; a su vez, se defendía en los senderos de la Peregrinación Negra, defendiendo sus saberes en la Cabala y los oscuros grimorios del Llano Negro. Y tenía un sentido del humor muy retorcido, capaz de lanzar ponzoña en los momentos más inoportunos.

Sabía que mi compañero de piso tenía intereses como asesor privado—más por entretenimiento que por ingresos—, porque recibía llamadas de detectives para esclarecer ciertos casos policiales con sus experiencias personales, pero fue aquel día que... descubrí el verdadero motor que alimentaba el ego del Brujo de los Palos Grandes. Era un investigador privado de cierto renombre en círculos selectos, famoso en el barrio por su cacería de desaparecidos y asesoría en cuanto a Casos Cangrejo que los detectives de la Policía Técnica Judicial se mostraban incapaces de resolver. Tuvo su bautizo público tras ser contratado por el Arzobispo Bernardo para solucionar el engorroso Caso del Sádico de Vista Hermosa: aquel suceso espantoso que involucró el asesinato de Lidia Biaggi; apuñalada y violada supuestamente por su hermano mayor, el Párroco Marcos Biaggi, en un ataque de celos por su compromiso matrimonial. El Cura se hubiera hundido en la carcel de no ser por su perspicacia... Era una baraja trucada, porque sus métodos parecían desafiar toda lógica y enloquecer a los detectives... 

—Tienes moto, ¿verdad?—se dirigió a mí sin parpadear, sus ojos metálicos resplandecían con furor—. Ocurrió un asesinato en la Plaza Centurión, y el detective Oronoz enloqueció—y sin más, abrió una gaveta rellena de frascos, y extrajo unas cuantas pastillas—. Oronoz es un tragaleches—se tragó las píldoras sin saliva—. Pero, dijo que nunca había visto algo tan horrible...

Al llegar al sitio de los hechos nos encontramos con una escena criminal estrictamente vigilada por la Policía Técnica Judicial y la Policía Nacional a la espera de la comisión del CICPC para proceder con la investigación. El detective de homicidios, David Oronoz, nos recibió con el rostro tenso y las manos en el uniforme: no fue cualquier asesinato, por eso no han levantado el cuerpo, acerquénse, ¿quién es el Padre? ¿Vive contigo, brujo? ¿Un brujo y un Padre compartiendo un piso? La vaina está jodida; bueno, los de criminalística dicen que lo mataron en la madrugada, que fue citado al sitio y que lo atacaron de frente; sin forcejeo. Una mierda arrecha, porque... porque este tipo era un bicho pesado. Dicen que fue pran de la cárcel de Vista Hermosa cuando estuvo preso, y que luego se lo llevaron a las minas, pero dejó ese mundo y se vino pa' la ciudad a montar negocios. ¿Por qué un tipo así vendría de madrugada a la Centurión?No hay ningún automóvil cerca, y no hay testigos a esa hora... Los de fotografía dicen que lo acuchillaron por venganza, porque seguramente la debía al hampa o se metió con el gobierno, o lo traían secuestrado. Esa gente se viven matando entre ellos, no respetan... A este le cortaron las bolas y se las metieron a la boca, pero las retiramos por discreción al muerto, y respeto a los familiares que verán las fotos en primera plana mañana. ¿Por qué ese sádico le habrá mutilado los genitales sin compasión? Esperemos el exámen toxicológico después de la autopsia...

Nos acercamos al cadáver esvicerado, rodeado de fotógrafos forenses y los cinco detectives recién llegados del Cuerpo de Investigación, mientras mi compañero de piso parecía embebido en un inefable ascetismo. Oronoz lo observó, como estudiando su método, y les pidió a los detectives y al comisionado un chance para que el asesor pudiera auscultar el cadáver. A mí me pareció un hombre espantoso e inmensamente gordo y negro, con el rostro lambiscón de los sádicos y una mueca de infinito aburrimiento grabada en su rostro; un barril de mantequilla con patas estrechas y brazos como pitillos sobre un charco de sangre viscosa como betún de zapato... pelado de cabeza y con los dientes de plata asomando de su boca sanguinolenta. Su vientre hinchado—por los excesos de chatarra y la cerveza—, estaba cortado con cientos de puñaladas, formando un amasijo de carne pulposa de la que asomaban vísceras púrpuras. A un lado del cadáver había un libro ensangrentado, y en su mano resplandecía un pentagrama escarificado con un punzó...

Esto fue un sádico, se atrevió el detective Oronoz, rascando su cabeza pelado de cráneo deforme, como esos satanistas locos de los cerros de Nueva Andalucía que se comen los abortos de las quinceañeras raptadas... y se chupan los dedos mojados en salsa de ajo. Mira ese reguero de tripas, dibujó un poco de garabatos en la barriga de este tipo... Lo identificaron como Eleazar Contreras, y parece que era pastor evangélico y tenía una ferretería en el Mercado Periférico. Sí, ese libro de allí es una biblia forrada... Esa gente mala se mete a cristiano después de matar gente, ¿verdad? Por eso yo no confío en ningún cristiano, ¿te acuerdas del cura? Yo sé que el Brujo descubrió que no fue él quien mató a la hermana, y que el detective Alonzo quería hundirlo por sus mañas. Maldito viejo vendido... Por eso la gente ya no llama a la policía, dicen que somos más malandros que ellos. Uno no puede confiar en nadie en este pueblo, nojoda. Tú te ves muy joven como para meterte al seminario católico, ¿por qué se atrevió? Este es un país de salvajes y gente viva, por eso no nos quieren en ningún país, ¿verdad? Y ahora, vienen los sádicos de occidente, de esos que hacen brujerías con los Muertos y profanan tumbas; y vienen es a matar gente y meterse en las casas a violar a las mujeres. ¿No supiste del loco ese de Marhuanta que se metía de noche a las casas y se cogía a las viejas? Sí, a ese lo agarraron los del barrio, y le cayeron a coñazos, y lo dejaron tirado en la perimetral... y el sol lo terminó de escoñetar. Nos enteramos de eso porque un perro llegó a un rancho con la cabeza del loco en el hocico, una barbaridad, ¿verdad? Bueno, total es que el loco tenía un altar con culebras en frascos y huesos del cementerio. Esto y que no se veía antes, pero qué sabes tú... Míralo, allí va Luis, el Brujo, parece hipnotizado con el muerto ese; le sacaron hasta las tripas, y tiene una cara de malo... Yo creo que el que no la debe, no la mete. ¿Sabes, no? Mejor es que los maten, porque se meten a pastores y empiezan a predicar y qué la palabra de Dios, y esos eran unos pingas de violadores y asesinos. A este seguro lo arrodillaron en las minas, o se escapó de un retén y se convirtió... o se robó un pocotón de plata y bueno... Pura hipocresía; y allí van con sus biblias bajo el brazo y sus camionetas, y la mujer con las tetas operadas, y te miran como si fueras una mierda. No estoy diciendo que todos los creyentes sean gente de lo último, solo digo que muchos se acercan a Dios porque tienen cosas de las que arrepentirse...¿Verdad, Padrecito?

El excitado David Oronoz se interrumpió para observar como Luis dejaba caer una toalla en la barriga cervecera del cadáver desangrado... con los guantes quirúrgicos embutidos en sus manos, y reveló las punzadas cometidas contra aquella carne negra de nacimiento, ante la conmoción de los oficiales reunidos: miren esta verga, se atrevió a revelar el brujo con los ojos dilatados, miren estas marcas que conforman un círculo, el cuchillo apenas cortó la piel, y solo sirvió para trazar en la carne estas formas. Mírenlo bien, y tomen fotos de varios ángulos, esto fue un homicidio de carácter religioso; ¿una secta satanista en el Paseo Orínoco? No creo, los Magos Negros de Angostura se disolvieron como tal hace veinte años... y estas prácticas no las comete nadie sin propósito. ¿Por qué? Se acercó Oronoz, visiblemente alterado por el símbolo indescriptible dibujado quirúrgicamente en el muerto como obra de un artista macabro obsesionado con la aruspicina; ¿qué significa ese círculo satánico? Luis se inclinó sobre las espantosas heridas con el ceño fruncido por el olor acre de los intestinos rebosados en vinagreta: este sello geométrico complejo es el Sigilo de Asmodeo; Luis señaló con un gesto la línea horizontal que cortaba el círculo, del cual brotaba una curva que arrastraba pequeños círculos y símbolos cuestionables como burbujas purulentas, y una sarta de letras latinas esparcidas alrededor de la circunferencia que describían el epígrafe ASMODAY; Asmodeo, es el Príncipe del Infierno que encarna el pecado capital de la Lujuria... y fue escarificado con mucha brusquedad. Este es el Sigilo con el que se invoca al Demonio de la Lujuria que, según la Clasificación de Binsfeld, es quien desencadena todos los deseos sexuales en el hombre... causando que el alma sea condenada al segundo círculo del infierno. Aquellos que lograron verlo en persona lo describen  como un hombre atractivo y de buenos modales... como una fachada para manipular a las personas a su antojo; embrujando con promesas falsas, hasta mostrar su verdadera apariencia de monstruo horrible con tres cabezas: una de oveja, otra de un hombre escupiendo fuego y la ultima de un toro; tiene cola de serpiente, cuello de dragón, pecho de hombre junto a piernas de gallo y cabalga un león con alas. En el Malleus Maleficarum, ciertos demonólogos del siglo XVI teorizaron que este demonio tenía mayor poder en Noviembre, bajo el signo zodiacal de Acuario.

Yo estaba sorprendido ante la locuacidad de mi compañero, presto que conocía de antemano la Demonología... pero el brujo conocía sus dominios más allá de lo que pensé. Por supuesto, esa memoria prodigiosa era propensa a las lagunas mentales como cuando iba al baño sin la toalla y tenía que gritarme... o su olvido al utilizar la lavadora, ni hablar de su incapacidad para asimilar tareas cotidianas como subir al autobús correcto o desprenderse de prendas arruinadas. Aquello era un Sigilo de la Goethia: un sendero mágico que buscaba influir en la realidad, canalizando los deseos en un símbolo capaz de representar la Voluntad de un Demonio. Pero, ¿por qué un asesino se tomaría la molestia de dibujar el símbolo de un Príncipe del Infierno en la barriga de su víctima? Luis procedió a revisar la biblia sin alterar la escena, pasando las páginas hasta encontrar uno de los hallazgos más desconcertantes, con los que se encontraría el Cuerpo de Investigación de Policía de Ciudad Zamora. Los detectives se reunieron alrededor del brujo con los rostros afligidos, y leyeron con aprehensión, en un hilo de voz moribunda, mientras el camión de la morgue se estacionaba a la vuelta para remover el cuerpo y limpiar la avenida. Este enigma, escrito en sangre... sería el principio de una serie de crímenes cometidos por el fantasmagórico Asesino del Infierno: una manifestación del más allá por todas las víctimas de la violencia en un país oprimido.

D32:35 Pr24:29: R12:19 


«Capítulo Siguiente»

Crónicas de Ciudad Zamora: El Asesino del Infierno

«Gerardo Steinfeld, 2025»

Sígueme en redes como:

Facebook: Gerardo Steinfeld

Instagram: @gerardosteinfeld10

Wattpad: @GerardoSteinfeld10

Sígueme en Tiktok