Con este informe se publican los terribles secretos que la Asociación Sudamericana Espacial ocultó a los noticieros tras el precipitado abandono de la Base Lunar en el Cráter Venus. Mi intención no es cuestionar nuestra concepción del universo haciendo declaraciones especulativas sobre otras formas de vida... sino presentar un esbozo del auténtico horror hallado en los cráteres de la superficie lunar y las antiquísimas estructuras fotografiadas en su lado oscuro.

Hace siete años que se comenzó a construir la Base Lunar Venusina con la cooperación de los países caribeños para el progreso de la humanidad y las telecomunicaciones. Los nueve módulos fueron enviados en seis cohetes que despegaron de la Estación de Puerto Bello, equipados con robótica de última generación capaz de ensamblar la construcción en el satélite sin intervención humana directa, y lo que parecía ser el alumbramiento de una nueva era de descubrimientos espaciales se convirtió en un indescriptible horror que amenaza nuestros esquemas científicos sobre la cronología universal. La misión de ocupación lunar para investigación y observación completó su primer año de operaciones exclamando interrogantes desaforadas que se mantuvieron en absoluto secreto... vaticinando un desastre sin precedentes debido al desmesurado deterioro mental de los moradores: fueron comunes el avistamiento de extrañas «excrecencias perturbadoras» durante las caminatas lunares; el hallazgo de retorcidos pentáculos, tetraedros y círculos de brujería en las instalaciones; y el avistamiento de pirámides resplandecientes. Aquellos síntomas de enajenación se contagiaron en la base con vesánica opresión hasta que ocurrió lo inevitable, dejando trás de sí un oscuro presagio en el firmamento...

Fui enviado como morador de refresco ante la urgencia de uno de los mejores ingenieros de la base por regresar al planeta para tratar su repentino acceso de psicosis. Durante esos aciagos años, los informes periódicos publicados por la asociación no mostraban la totalidad del horror contenido en los módulos pues... tras los primeros meses de permanencia espacial los reportes de deterioro mental eran censurados junto con gran parte del material recopilado en las caminatas lunares y las imágenes satelitales. Los informes neurológicos del primer período mostraron resultados desconcertantes tachados de alucinaciones y divergencias cognitivas: los moradores decían oír sutiles «cacofonías» como gritos y lamentos manando de los túneles del interior, presentaban cuadros de depresión, agotamiento y describían sueños recurrentes con paisajes indescriptibles que escapaban de cualquier lógica preconcebida por la  dinámica newtoniana. En estas imágenes se escurrían extrañas montañas de formas irregulares cortadas por gargantas y accidentados valles agujereados por meteoritos bajo un halo enfermizo producido por la agonía de un coro de soles negros y muertos. Estos escenarios venían acompañados de monstruos descarnados que se retorcían bajo la mortecina prevalencia de la luz... y sus formas cambiaban como en un infierno dantesco en descenso al epicentro de un absoluto terror.

Aterrizamos tras reducir nuestra velocidad de impacto con la órbita del satélite en un puerto adaptado a un cráter contiguo a la base. Mi estadía en las instalaciones permanentes de la Base Venus correspondía a un período de tres años para mantenimiento y reparación de los complejos telescopios de observación astronómica y los distintos equipos que aprovechaban el hielo y los minerales subterráneos para la remodelación y expansión de los módulos. Al menos unas cincuenta personas trabajaban en los módulos de experimentación bajo el liderazgo del capitán José Rodríguez. Los módulos más aislados eran empleados por biólogos para la manipulación genética de patógenos en distintos experimentos que por seguridad no podían ser realizados en la Tierra... así como manifiestos empeñados en modificar la infraestructura para lanzar sus propias sondas de exploración. 

Adaptarme a la reducida gravedad no fue problema, uno se termina acostumbrando a la sensación de flotación... como nadando en sueños por túneles de plástico en los que la asfixiante claustrofobia y el aire reciclado se hacían patentes con la vibración de los obturadores, las descompresiones de las compuertas y las pulsaciones de los ordenadores. La simulación del ciclo circadiano y la reproducción del sonido de lluvia y el mar intentaban replicar la estancia subconsciente en el planeta... pero, la mayoría nos sentíamos como marinos navegando en un buque desprovisto de ventanas con destino al fin de los tiempos. Existía una extraña inherencia que permeaba cada túnel y módulo con una sensación de abulia y tristeza... La inherencia era palpable como una sensación de rechazo al claustro que venía contagiado de sonidos guturales imperceptibles: algunas veces parecía manar del suelo, del interior de la diminuta luna como la repugnancia de un ser maligno que se retorcía en su núcleo muerto; y otras, parecía atravesar el casco como una ráfaga de negatividad proveniente del lejano latido de las galaxias. Era enfermizo, imperceptible, indescriptible y espeluznante... emitido como un lamento intergaláctico desde las profundidades incognoscibles del vacío sideral.

«Son las voces de todos los muertos—me dijo alguna vez el Jefe Científico del Observatorio, Enrique Basanta; un hombre diagnosticado con neurosis depresiva que engullía media docena de ansiolíticos y somníferos cada ciclo—. Con el telescopio que tenemos en el modelo lunar conseguimos ver más allá de lo que cualquier astrónomo pudiera imaginar... Más allá del tiempo y las constelaciones con vista a los cinturones de gases celestes surgidos de la gran expansión. Hemos visto otras galaxias y planetas... y captado sus terroríficos mensajes decodificados en ondas electromagnéticas provenientes de razas extintas. Este universo está llegando a su fin, y los cientos de miles de soles que se han formado y evaporado con los eones han visto la decadencia de las grandes especies del cosmos. La primitiva humanidad es una de las últimas civilizaciones de este cementerio inconmensurable de planetas congelados y soles fundidos... y las voces de todos esos difuntos llegan a nosotros como recuerdo de nuestro desenlace. Nuestro sol se hinchará y explotará, nuestro planeta será engullido y nos uniremos al coro de fantasmas que flotan en el vacío estelar».

Los informes censurados sobre caminatas lunares a bordo del astromóvil lunar todoterreno levantaban todo tipo de especulaciones en el ambiente porque al ser instalaciones herméticas, todos se conocían y las órdenes de silencio pocas veces se acataban durante las horas de ocio. Los astronautas que salían al exterior hablaban de luces flotantes, columnas de gas emanadas por los cráteres y avistamientos en la periferia descartados como alucinaciones. Decenas de informes detallaban encuentros con apariciones o cacofonias registradas en grabaciones, pero el más sorprendente y extraño de todos, fue el informe del astronauta Felipe Urbaneja...

El perfil neurológico del hombre muestra que era un pragmatico iconoclasta y letrado cuyos accesos de melancolía sobrevenían durante las fechas del aniversario nupcial, el onomástico y el fallecimiento de su esposa... Su carrera como astronauta era amplia y experimentada, y llevaba más de treinta caminatas lunares en su historial cuando ocurrió el incidente. El satélite había localizado la emisión de un géiser originado en un cráter cercano al crepúsculo lunar. La posibilidad de encontrar una reserva cuantiosa de hielo emocionó a la comunidad internacional con esperanzas para la construcción de un puerto de cabotaje espacial para abastecer las naves colonizadoras y reducir significativamente el alto costo de despegue por la gravedad de la Tierra. 

Fueron enviados tres astromóviles bajo el mando del Capitán de Exploración Felipe Urbaneja al hemisferio más remoto del satélite para la toma de muestras y fotografía del cráter... Un viaje al crepúsculo de seis horas que ensombreció a la Base Lunar con el descubrimiento de quiméricos arcanos capaces de enloquecer a exploradores experimentados bajo el vacío rutilante del mar de estrellas. Los analistas teorizan la razón del trastorno en los astronautas al estrés post trauma de la insonorizada y perpetua oscuridad que los envolvió en el lado oscuro... otros sostienen que el Capitán Urbaneja estuvo sufriendo durante meses y que la cercana fecha de su aniversario fue la gota que derramó el recipiente de su extenuante melancolía. Tras las catorce horas de exploración, los involucrados regresaron completamente agotados en una mascarada de abrumadora guardando un imperturbable silencio en contraste con su particular locuacidad. Los últimos que vieron a Felipe Urbaneja lo encontraron pensativo, mirando el ocasiones el techo como indagando en las profundidades siderales del universo... Algunos lo oyeron horrorizado, preguntándose qué existía detrás de la Constelación del Dragón y más taciturno que lo acostumbrado por los moradores. El Capitán de Exploración, Felipe Urbaneja, se suicidó a las seiscientas horas del 10 de Octubre del 2030, tras un ciclo nocturno de insomnio por envenenamiento estomacal tras ingerir una veintena de comprimidos de paracetamol. Debió agonizar durante horas presentando severos dolores abdominales, fallo hepático y renal, vómitos y convulsiones hasta que fue atacado por un fulminante coma. Lo encontraron en una condición insalvable, vestido con su traje de boda de piezas oscuras y zapatos de gamuza; con la piel ictericia y las escleróticas amarillas.

La conmoción en la Base Lunar provocó la interrupción de toda caminata programada y una sensación de duelo y pérdida envolvió a los moradores. Todos los astronautas designados bajo el ámbito de exploración fueron revisados psicológicamente y el material recopilado en la misión fue clasificado por su peligrosidad. Muchos años después, han salido a la luz—al menos parcialmente—, los metrajes y las fotografías capturadas por la misión próxima al crepúsculo. La veracidad del material es dudosa por la cantidad de censura y modificaciones que la cooperativa debió imponer, pero tras meses de investigación y comprobación se ha dictaminado un veredicto escalofriante sobre «la mujer de la luna» y la «caída de las estrellas». 

Habían llegado al cráter cercano al crepúsculo siguiendo la ruta más rápida y segura trazada por los ordenadores que mapearon la superficie accidentada del satélite. El Capitán Urbaneja fue el primero en descender del vehículo mientras el equipo científico se apresuraba a desmontar los aparatos de muestreo y las cámaras de grabación. Durante un lapso de treinta minutos se puede observar desde cuatro ángulos a los exploradores recogiendo muestras de suelo y examinando las extrañas aberturas que esparcidas en el interior del cráter, cada una de aproximadamente una pulgada de diámetro y rezumante de gas vaporoso. Los pequeños agujeros se extendían por centenares en los treinta metros de circunferencia por cuatro de profundidad en su punto más bajo del cráter de impacto... y el vapor exhumado como diminutos géiseres parecían chorros de una presunta actividad volcánica proveniente del núcleo. Uno de los científicos geológicos de la misión apuntó que podrían estar posados sobre una fuente de energía invaluable para el progreso de la humanidad. Aquello cambiaría para siempre la concepción de la Luna como un geoide muerto...

Fue entonces cuando el Capitán Urbaneja empezó a captar señales de radio inusuales mezcladas con el comunicador de su traje hermético. Se volteó al lado oscuro y señaló a la masa negra de paisajes accidentados que se extendía en el horizonte exclamando que había una mujer... Todos los astronautas discreparon, creían que se trataba de una alucinación, el único que podía ver y escuchar a la presencia femenina era el capitán. Intentaron retenerlo, pero este apuntó que iría a investigar a la «extraña mujer» y encendió las luces de su casco de polímero reforzada para adentrarse a regiones donde ningún ser humano se había atrevido. Su figura gruesa y abultada por el ancho traje hermético de numerosas capas fue cobijado por las tinieblas mientras se rodaban las perturbadoras imágenes... La figura se adentró en la penumbra realizando señales con los brazos mientras el comunicador repetía las palabras «hermosa», «magnífica» y «resplandeciente». La respiración del Capitán Urbaneja se oía precipitada mientras la cámara captaba la perpetua inmensidad de aquel páramo muerto de polvo negro y cúmulos estelares donde relucían constelaciones distantes que vistas desde ese ángulo adquieren formas grotescas. La tétrica Constelación del Dragón semejaba una serpiente cósmica formada por gases púrpuras cuya boca colmilluda correspondían decenas de estrellas apiladas bajo dos inmensos ojos diáfanos, escudriñando nuestro planeta desde un albor insondable de maléficas proporciones galácticas.

Los astronautas habían subido las muestras a los vehículos presintiendo el horror de aquellos paisajes de pinceladas negras y tinta derramada ante las sombras difusas que bailaban al compás de las cacofonias cual coro de batracios cuajado de inmundicias. Durante cuarenta y tres segundos estuvo el Capitán Urbaneja sumergido en la absoluta oscuridad donde lo desconocido y fantástico enviaba señales a su cerebro de inquebrantable terror. Hasta que un estallido de luz verdosa, nacido y muerto, en un segundo de espasmo... arrancó un grito de pavor de la garganta del capitán. Rápidamente se apresuraron los astronautas a entrar en el lado oscuro y extraer a un desfallecido Felipe Urbaneja... Treinta segundos, a solo diez pasos del umbral, arrastraron el traje del capitán desvanecido y embarcaron el viaje de vuelta a la base. El hombre estaba sudoroso, ceniciento e impávido... temblaba y sus ojos habían perdido toda lucidez. No habló nunca de la mujer, solo decía que «las estrellas habían caído». Las incoherencias dichas por sus labios en aquel estado de perturbación solo parecían comprensibles para él, ya que había descubierto la fuente de un horror incognoscible capaz de trastornar la mente. El Capitán de Exploración fue sometido a un intensivo interrogatorio sobre su «alucionación», y relató que la belleza esplendorosa de aquella aparición femenina era comparable a la de una diosa desnuda coronada en los jardines colgantes. Habló de excrecensias ominosas que refulgían en la oscuridad con jirones que subían al espacio exterior en carruseles de fuego... describió a la mujer como una «doncella de piel argentina» que imprecó pensamientos en su mente: visiones escalofriantes y nítidas de explosiones solares que engullían planetas con el estallido repentino de mil millones de vidas en un grito capaz de sentirse en cada rincón del cosmos y señaló el destino final de las constelaciones precipitadas al vacío de una catarata de materia invisible y etérea. Le mostró la oda galáctica de la asunción de las grandes razas y los infames secretos de las gigaestructuras que flotan imperturbables y solitarias en la vastedad de las espirales. Cuando le preguntaron qué fue la explosión que lo tumbó... él se sobresaltó de espanto con una mueca horripilante y pronunció, azogado: «ellos la descubrieron». 

Nunca sabremos qué conoció el alienado Felipe Urbaneja tras su «contacto» con los misterios del lado oscuro. Su muerte trajo consigo una ola de interés y pánico a las profundidades lunares, y se enviaron equipos de investigación para destapar las lucubraciones del crepitante caos en las sociedades humanas. La Asociación Sudamericana Espacial decretó ordenanzas de exploración científica mientras se estudiaba a profundidad el deterioro mental de los moradores... para entonces estaba demasiado ocupado con la expansión subterránea de la Base Lunar para entrever el horror que se gestaba en los corredores, salones, laboratorios y módulos con la investigación del «hongo negro» encontrado en las botas del capitán. 

El uso de drones de múltiple capacidad revolucionó la exploración de superficie mostrando una infinidad de imágenes—la gran mayoría de alto secreto—, cuyos descubrimientos desatarían el pánico colectivo. Las reminiscencias de antiguas civilizaciones pueden cautivar la arqueológica mientras no aborrezcan la cronología universal que concebimos en nuestra cadena evolutiva... así que el descubrimiento de estructuras anacrónicas y artefactos fuera de lugar, es aborrecido por la comunidad como prueba irrefutable de conceptos que escapan a nuestro entendimiento. Las imágenes censuradas por la cooperativa muestran la formación de estructuras geométricas piramidales en valles crepusculares agujereados por el frecuente impacto de meteoritos... Estas formas altas y rectangulares poseen puntas erosionadas y entradas que llegan a túneles de profundidad incierta. Las investigaciones referentes al orígen y propósito de estas pirámides aún sigue siendo clasificado, pero lo que ha salido a la luz son los testimonios de los astronautas encargados de la recopilación de datos y filmografías. Los drones eran controlados por inteligencia artificial y monitoreados desde el módulo de control con conexión directa a los salones operativos de la asociación, el trabajo de los astronautas era recuperar los sofisticados drones y supervisar su mantenimiento... pero eso no los aislaba de la asfixiante sensación de repulsión provocada por la mantilla tintacea de negrura que los llamaba con morbosidad latente. Algunos de ellos aseguraron bajo juramento el avistamiento de un inusitado resplandor verdoso que semejaba las ondulaciones boreales en los polos terrestres... estas luces jaspeadas y descritas como crestas translúcidas eran imperceptibles para las cámaras, por lo que se creía un fenómeno psicosomático de naturaleza desconocida. Más que eso, los que llegaron a mapear estas regiones plagadas de cráteres y estructuras se encontraron con desconcertantes coincidencias, relativas a formaciones antiguas constelaciones alineadas con las pirámides, como una adoración aborrecible a la Constelación del Dragón y otras estrellas presuntamente extintas por las distancias astronómicas. Se hallaron cráteres profundos, cuencas agrietadas y fisuras que dañaban los dispositivos con extrañas interferencias... Las sospechas de una luna hueca concebida como morada ancestral de un horror antediluviano no parecía tan descabellada ante el caudal de pruebas que desbordaba los servidores de la asociación.

Quizás el horror más inexplicable fue descubierto por un dron de captación láser que investigaba los residuos de un impacto vetusto relativo a un período cambrico o posiblemente más antiguo. El esferoide de amplio espectro estudió el radio de seiscientos metros del cráter socavado por el impacto fulminante de un importante meteorito compuesto de residuos metálicos y minerales similares a la cinabrita y el grafeno... enfocó lo que parecía ser una estructura irregular y para asombro de la comunidad científica, las imágenes descufradas de las capturas de amplio espectro ofrecieron un cuadro horripilante digno de una ambiente de pesadilla infernal. El esqueleto de un titánico dragón marino se alzaba semienterrado por el polvo estelar como las columnas afiladas de un templo calcinado... El espinazo que iba del cráneo draconiano hasta la cola ofidia parecía compuesto de un material de carbono plomo, y las extremidades calcáreas otrora cubiertas de membranas debieron presuponer unas alas gigantescas capaces de arropar una ciudad pequeña. La osamenta perturbó en gran medida a los estudiosos pues escapaba de todo esquema evolutivo... haciendo cuestionarios sobre cómo serían los procesos de biogenesis en planetas adversos con atmósferas y cadenas tróficas impensables. Pero cada cuestión relacionada al fósil encerraba un misterio aterrador...

Quizás los científicos hubieran propuesto hipótesis menos aterradoras sin la sugestión inherente del particular espécimen encontrado en las muestras del cráter cercano al incidente del Capitán Urbaneja. El hongo en cuestión era una especie de levadura extremofila que se alimentaba de la radiación cósmica... La razón de su procedencia en la luna se intentó explicar con la teoría de la panspermia: era material sobreviviente a una expulsión terrestre (posiblemente eyección de masa o el impacto de un asteroide) que se aferró al cuerpo celeste originando un lento proceso de adaptación. Se podían encontrar organismos unicelulares parecidos en la estratósfera y su estudio intentaba explicar la expansión de la vida en el universo. El hallazgo presentaba increíbles propuestas para la comunidad internacional que tenía esperanza de usar microorganismos modificados para terraformar planetas con condiciones adecuadas... pero, toda ilusión se desvaneció con el horrible padecimiento de uno de los científicos encargados de supervisar el hongo: presentó síntomas de malestar y fue aislado en el módulo clínico sufriendo de dolores estomacales hasta que los resultados de los exámenes encontraron septicemia por bacterias en la sangre. La infección degeneró rápidamente en una alarmante bacteriemia necrosante de tejidos blandos que provocó una reacción hostil en los microbios de la flora intestinal... multiplicándose y devorando los órganos internos en una vorágine incontrolable que terminó por convertir su torso en un cascarón de pulpa sanguínea. Aquella rara afección se hizo patente en varios científicos involucrados con los mismos síntomas... declarando una estricta cuarentena en el ala médica. Los contagiados tomaron muestras de sus cuerpos y descubrieron el horror del hongo negro provocando la desestabilización de las bacterias carnívoras en los organismos... ahogándose en charcos de licuado sanguíneo hasta que la muerte fue irremediable. Los casos de contagio fueron silenciados de la esfera internacional para evitar la alarma pública... y todos los moradores de la Base Lunar fuimos declarados contagiados en mayor o menor proporción según el nivel de exposición. Era una infección horripilante y no teníamos medios para frenar sus dolorosos síntomas. Suspendidas todas las actividades en las instalaciones no podíamos si no mantenernos aislados en nuestros cubículos, incomunicados, esperando una certeza incierta... A veces llamados al trabajo o marginados por la soledad como posibles transmisores asintomáticos. Por mi destreza era frecuentemente llamado por el melancólico Enrique Basanta para la limpieza y reparación del telescopio de observación y las antenas de radio. El Jefe del Observatorio se mostraba reacio ante las cláusulas de confinamiento y solía hablarme sin el equipo de protección sanitaria... me contaba sus hallazgos de exoplanetas habitables y otras elucubraciones fantasiosas que parecían sacados de estrafalarios pensamientos. Transcribo la conclusión de una de nuestras conversaciones cuya índole continúa perturbando mi espíritu.

«Estas semanas hemos estado recibiendo señales de radio extremadamente fuertes y estables a velocidades imposibles desde Messier 82, una galaxia en la constelación de Ursa Mayor a más de trescientos mil años luz de distancia. ¿Qué podrían ser estas anomalías cósmicas? ¿Es posible que sea algún tipo de tecnología extraterrestre avanzada? ¿O es un fenómeno natural que aún no entendemos completamente? ¿Existirán estas estructuras abandonadas deambulando continuamente como planetas errantes?¿Su propósito será destructivo, incluso millones de años tras la extinción de sus creadores? ¿Y si nuestro vecindario galáctico es un bosque oscuro repleto de depredadores al acecho de planetas habitables? Hemos hecho demasiado ruido en nuestro sistema solar, envíamos al espacio las sondas Voyager con toda la información de la humanidad... y ruego a Dios, sí existe, que nos mantenga ajenos a otras formas de vida semejantes a nosotros».

Enrique Basanta trabajaba solo en el Observatorio, intentando escudriñar los insalvables misterios del cosmos... y estaba cercano a un gran descubrimiento sobre las nubes estelares que cubrían las retahílas de estrellas que componen la difamada Constelación del Dragón; temida por los astrólogos medievales y adoraba por antiguas civilizaciones como el santuario de los Primeros Dioses. Es difícil argumentar si tenía enemigos, pues sus colegas lo toleraban y definitivamente no tenía amigos... Lo que puedo decir con certeza es que de existir un secreto inmemorial en la luna y más allá de las estrellas, él debió entenderlo. Sus teorías sobre las pirámides y la inusual actividad interior del satélite solo eran absurdas para los que nunca han salido del planeta... Su concepción de las megaestructuras antiquísimas y la cofradía de dioses malignos bajo el auspicio del Demonio Meridiano no eran fábulas quiméricas ahora que han salido a la luz todos los secretos. Enrique entró en su módulo privado para dedicarse a la redacción de ensayos definitivos sobre la relación entre las constelaciones y las extrañas presencias lunares... y cuando no salió de su cabina nadie se preocupó, hasta que transcurrió un ciclo diurno entero y encontraron su cuerpo destripado en el centro de un eneagrama pintado con su propia sangre. El cuerpo yacía boca arriba con los brazos y las piernas abiertos... con meticulosa perversión abrieron su caja torácica y abdomen extrayendo las vísceras sin romper los conductos para formar un espiral de órganos en torno a la estrella de nueve puntas dibujada con precisión dentro del círculo. El hígado reposaba sobre un símbolo cabalista y los pulmones dentro un tataedro... mientras que el corazón no se encontró. Toda la sangre fue usada para dibujar pentagramas y demás símbolos horripilantes que recordaban las negras prácticas de la brujería... y sobre el escritorio, escrito a mano, sus ensayos póstumos en revelación al horror. Las cámaras de seguridad no captaron la entrada de nadie salvo el cientifico... y cuesta creer que un ser humano pudiera hacerle aquello a su propio cuerpo sin más herramientas que sus manos. 

Tras la vivisección del hombre se estudiaron sus ensayos garrapateados apresuradamente y manchados de coágulos son enteramente inexplicables, y aunque fueron guardados con recelo por las autoridades, han llegado hasta nuestros días como advertencia de los peligros al manejar fuerzas desconocidas en busca de respuestas que es preferible ignorar. La Base Lunar Venus fue evacuada apresuradamente tras descontaminar completamente a los astronautas y la Asociación Sudamericana Espacial ha cancelado todos los proyectos involucrados al cuerpo celeste. Desde entonces se han visto luces en la superficie lunar como montañas de fuego que crecen y extinguen en minutos. Enrique Basanta pagó el precio desorbitado del conocimiento para que podamos entender un mínimo de lo que ha estado ocurriendo en el cosmos mientras nuestras vidas efímeras e irrisorias transcurren en segundo plano. Espero que alguien pueda entender las siguientes líneas confusas:

«Dibujé el Eneagrama, pero ante la escasez del Pago al Intercesor me he ofrecido. He vivido una vida solitaria. Para el que encuentre las revelaciones de este manuscrito solo dejo una lección: ten muchos amigos, y trata a los demás con respeto. No termines igual que yo. Recité las palabras y esperé que eso se mostrase... y es más horrible de lo que pueda describir. Necesito saber la verdad. Necesito las respuestas sin importar el precio. Me ha contado los secretos de la Raza Inmaculada como una epopeya fúnebre cuyo auge y decadencia muestran las transformaciones de un universo entre cientos de miles de burbujas. Aún viven entre nosotros... plantando sus semillas en nuestra sangre para la edad de su resurrección. La Luna fue su morada hasta que la Guerra Primordial por la Tierra terminó con su grandeza. La traición de la Muerte Fría sepultó incontables ciudades doradas por la osadía de los Otros a la Hegemonía. Su oposición a la Deglución del Demiurgo ha fragmentado el Pleroma... contrario al Altísimo, el Demonio del Meridiano espera su absolución trás la Constelación del Dragón... y si no son devorados durante la Usurpación por las legiones angelicales, se interrumpirá eternamente el ciclo depravado de involución. Los Innombrables esperan más allá del Pleroma bajo el designio de Odrareg... quien se ha mostrado para cobrar su permutación».


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