La Megaconda del Orinoco

Los avistamientos de criaturas arrancadas de las pesadillas son un fenómeno poco documentado en la Angostura del Orinoco, pero desde la fundación de nuestro pueblo, han sido muchos los relatos de seres prehistóricos que sobreviven alejados del saber del hombre. Allá donde se encuentran todos los ríos, y se abren portales subterráneos por los que cruzan desconocidos monstruos acuáticos.

Esta crónica comenzó con una fotografía tomada en 1984 desde un helicóptero que sobrevolaba las estepas que rodean las riberas del Río Orinoco, que atraviesa el centro del país como un ventrículo que bombea una sangre antiquísima hasta el corazón enquistado del mundo. En el papel albuminado, conservado en el Museo Steinfeld de Ciudad Bolívar, se aprecia una aparición del Paleoceno: un fósil de una tonelada que nada sobre las aguas marrones, alcanzando, según estimaciones posteriores de la Universidad Oriental, un largo de catorce metros, siendo el espécimen de serpiente más grande conocido en la historia de la Tierra. 

Los encuentros con estos seres no son tan infrecuentes como se cree, ya que a lo largo de los ríos que se encuentran y bifurcan en Oriente, circulan historias de seres que emergen del agua, como esos encantos que salen de la laguna cuando se suspenden las luces de La Lorena. O esa extraña criatura que se enredó en las tarrayas de los pecadores, y que fotografiaron en el Comando Fluvial, y se llevaron a la UCV para hacerle estudios en Nueva Bolívar, pero nunca más se volvió a saber del engendro.

—Fueron pocas las personas que vieron ese sireno, pero puedo dar fé de que sí fue verdad —nos dice Carlos Palma, profesor de la Coral Sol de Angostura —. En ese año, mi primo estaba allí y él sí lo vió y nos contó lo horrible que era eso. Él decía que no podía dormir después de ver eso. Yo pasé por allí y lo tuvieron adentro como una semana. Sí tomaron muchas fotos, pero después se lo llevaron para hacerle estudios porque en realidad no sabían qué era. Pero sí tenía cola de sirena, los brazos larguísimos y la cara horrible y la boca como un pescado, pero con colmillos; horrible, horrible. Lo tuvieron allí, hace dieciocho años fue eso.. yo tampoco creí que existiera pero sí fue así. Tampoco sabes que un tiburón se pasó al Orinoco, aquí mismo en Bolívar, lo sacaron... Se pasó al agua dulce. 

Es en las comarcas indígenas de Palmarito y Panapana donde abundan los relatos de ofidios camuflados con el entorno, capaces de tragarse personas extraviadas en las inmensidades vegetales donde crecen y mueren los ancestros de la vida. Los indígenas borrachos temen los árboles tumbados que cobran viva repentinamente al posar las nalgas, y los embrujos en los ojos de las anacondas cornudas que agitan las maracas en sus colas y provocan somnolencia. Es bien sabido, que el ecosistema venezolano es uno de los menos investigados del mundo, así como las extensiones aparentemente infinitas de la llanura y la selva amazónica, donde corren lagartos gigantes y se avistan supuestos gorilas de pelo hediondo sobre la cúpula vegetal. 

El Culto del Ciempiés en el asentamiento pesquero de Las Barrancas conoce a estos protectores como Madres de Agua, cuyo linaje ancestral se remonta a los habitantes originales de estas tierras, y una de ellas como la más poderosa de todas: la «Yacumama», serpiente colosal de proporciones astronómicas que habita en lo profundo del río. Este dios terrenal compite con otros mitos de caimanes blancos que representan antiguos poderes, y el Ciempiés Kakaroto, que despertará cuando se pronuncie el conjuro escrito en los altos montes del Guarampín por los Adivinos de los Andes.

—¡Supremo! —Se oye sobre las aguas oleaginosas teñidas de un chocolate claro —. ¡Supremo, supremo, supremo!

Persiguiendo esta leyenda, el Cazador de Monstruos Cristofer Ramírez se embarca por los canales del Orinoco, tras haber exterminado al monstruo prehistórico que causó sensación en Ciudad Bolívar. Su equipo de grabación lo acompaña en una odisea por las curvas y grutas que excava el agua sobre la selva, temerosos de los caribes que dejan a un hombre en los huesos si cae en el charco equivocado, y de los tembladores, capaces de parar el corazón con una descarga. Aquel joven influencer habla con altanería, como proyectando la voz a un teatro invisible.

—Nos hemos metido en los Barrancos del Orinoco buscando al monstruo legendario —aparece en pantalla con pantalones cortos, una guayabera de lino y zapatillas Gucci. Un colmillo de plata resplandece en su dentadura —. ¡Vamos a grabar a esta Megaconda de quince metros! ¡Supremo!

En sucesivas tomas se aprecia al joven cazador lanzarse al agua y practicar su puntería con los caimanes en la orilla. También pescando con tarraya y anzuelo, sacando grandes ejemplares que liquidaba con su machete y le arrancaba pedazos crudos con los dientes. Su embarcación era una chalana con techo y colgaduras para hamaca, y a veces se grababa manejando para relatar sus crónicas del Llano Negro y demás aventuras por las sierras. La mayoría eran exageraciones, pero había relatos como el Luisón del Sorte o los Vampiros de Maracaibo, que se fundamentaba en encuentros. 

El Cazador Ramírez era el segundo influencer más famoso de Venezuela, detrás de Carlos Orsetti y su canal paranormal, y había estado en tendencia tres veces gracias a sus aventuras. Pronto alcanzaría los cinco millones de seguidores en todas sus redes, y rivalizaría con su archienemigo por el primer puesto. Las campañas de desprestigio habían sido duras, pero se había recuperado gracias a la cacería del Caimán Gigante, y pronto se coronaría como máximo exponente del país.

Se grabó de perfil, con el iPhone 13 Pro Max que se compró con las donaciones de Tiktok de la cacería por el Llano Negro que lo catapultó a la fama.

Aún recordaba aquella incursión por los espejismos de la llanura junto a su hermana, ambos sobre caballos ensillados y con carabinas. Había subido cortos paseando por la sabana o relatando historias de espantos en el chinchorro, pero fue aquella travesía la que arrancó su cuenta del anonimato. De dos mil seguidores pasó a diez mil en una noche, coño. Todo comenzó con el avistamiento viral de un chupacabras que mataba las reses en las fincas del Mantecal. Parece que unos muchachos de Elorza lo fotografiaron, y fue tendencia en Facebook. Por lo que Cristofer convenció a su hermana Elvira de perseguir al monstruo y grabarse.

«Y aún me acuerdo de eso, ¿cómo me voy a olvidar? Día uno persiguiendo al Chupacabras del Mantecal, y visitamos una finca ganadera donde a un orejón lo habían descuartizado. Seco, el coño e' madre, parecía un trapo seco. Le sacaron la lengua, los ojos y todo lo de adentro por el recto. Feo, feo. A mí me dio miedo, pero Elvira siguió pa lante, porque esa nació sin sangre en las venas. Me acuerdo que grabamos al animal muerto, y al llanero, que no me acuerdo el nombre, que nos habló clarito y nos contó que no era la primera vez que pasaba. Y anduvimos recorriendo la llanura, que estaba toda seca porque era época de calor, y encontramos un rastro en los mantecos y los chaparros. Cada vídeo que subíamos nos aumentaba los seguidores por centenas. Tuvimos una manito de Dios finalmente. Me acuerdo clarito que Elvira era bien brava, y bonita mi hermana, esa sí sabía de llano. Lastima que ya no está conmigo».

—¿En qué piensas? —El señor Francisco se le acercó después que desembarcaron en Los Castillos de Guayana —. Esta noche dormimos acá, que vamos a grabar un contenido con un espiritista para aprovechar los paisajes. Y mañana vamos a Tucupita en lancha, ¿viste el guión que te escribió Israel con IA? Leetelo, que esta interesante el tema de las Madres de Agua. Y de allí damos media vuelta hasta Curiapo, que son como cien ríos que llegan hasta el mar. Y de allí tenemos preparado el animatrónico de la Titanoboa para que le metas plomo. Este va a ser tu mejor vídeo, muchacho. ¡Nos vamos virales en el Live del Viernes!

Cristofer se quitó el sombrero pelo de guama y se limpió el sudor de la frente. Los mosquitos no pasaban zumbando cerca de su cabeza mientras el equipo de producción preparaba los escenarios: sillas artesanales, jarrones de barro y alfombras egipcias. Los caminos empedrados de aquel complejo amurallado ostentaban lámparas eléctricas, que multiplicaban las sombras sobre las paredes de bahareque y los cañones herrumbrosos apostados en las troneras con vista al río. Estos fuertes españoles defendieron la provincia de Guayana de las incursiones piratas que buscaron abrirse paso al interior de Oriente hace trescientos años.

La primera entrevista se realizó sobre el fortín San Gabriel, mientras el señor Francisco conversaba por teléfono con la prensa de Puerto Bello y se frotaba la panza prominente que sobresalía de la camisa. Era blanca y lampiño como un cerdo pálido, con el pelo casi al rape y los ojillos hundidos bajo gruesos lentes. Si había alguien que sabía hacer negocios con el entretenimiento era Francisco Gascón, antiguo ejecutivo de RCTV, pero debido al declive de la televisión y al cierre de la cadena, tuvo que adaptarse a las nuevas tendencias. Él era el productor y visionario detrás de El Cazador de Monstruos, uno de los mejores programas de streaming en plataformas digitales, y CEO de Cristofer Ramírez en su proyección por redes sociales. Gran parte de lo que era se lo debía a él: de cien mil seguidores, pasó a cinco millones. Todos lo reconocían cuando paseaba por las principales ciudades, y le pedían fotos mientras hacían el gesto hawaiano del «shaka».

—¡Supremo!

—Te he visto en mis sueños, muchacho —decía aquella bruja gorda y morena de ojos profundos —. He visto lo que haces en secreto. Los Ángeles me lo mostraron antes de venir, incluso antes de aceptar esta sesión, te vi en el agua. Ellos me usan como instrumento, y ven que posees el don de la adivinación, aunque estás muy desconectado de tu Materia. ¿Hijo, por qué te sigues inyectando eso? —Perfumes de Palo Santo y calderos de bronce con velas consumidas en charcos de grasa —. Mira ve, vean, se ve clarito que le aparece el Diablo Al Revés. No es necesariamente algo malo, es más como «romper ataduras». Pero, también le aparecen otras cartas malas, y la Emperatriz volteada. Mira que se verá en una encrujicida, y vamos a hacer un ritual de protección.

«Cincuenta mil vistas en una hora». Y el Live de la sesión alcanzó unos tres mil conectados de todo el país, México y Honduras; y la espiritista también recibió un grato incremento de seguidores. La lectura del Tarot culminó a las 9, y subió a una habitación del castillo donde estaba su chinchorro amarrado y sus maletas. Abajo estaban tendiendo sus hamacas y arropándose con mosquiteros. Nunca había tenido problemas para dormir con calor o mosquitos, había crecido en el llano, criado bajo un caney y con un azadón en la mano.

Abrió su maleta, extrajo la lanceta y se pinchó un dedo para tomarse la glicemia: «ciento cincuenta». Un poco alta, quizás por eso se sentía tan apagado. Buscó la inyección, calculó la dosis de insulina y se la aplicó en el abdomen con un pellizco. Durmió toda la noche, y en la mañana estaba sus niveles habían bajado. Partieron en lancha a las diez, remontando las aguas achocolatadas que se perdían en las inmensidades del mundo. Grabaron más tomas, en las que se sentía como un maniquí estúpido que solo repetía «supremo», y hacía gestos irreverentes. También pescó una raya, y la devolvió al río. Llegaron al pueblo de Tucupita, donde unos pescadores indígenas (más teatro de Francisco) les advirtieron que por la Boca de Macareo habían visto una culebra de gran tamaño. Incluso uno de ellos, un indiecito con ojos color jaspe, contó que se estaba bañando cerca de los Barrancos, cuando sintió que algo golpeó la lancha y vio un reptil acuático de gran tamaño bajo el agua. 

Asistió a la Catedral Divina Pastora para que el cura lo bendijera en una ceremonia transmitida por Instagram ante la imponencia del ornamento. Un restaurante se sirvió con la publicidad del Cazador para ofrecer su menú de pescado frito con tajadas, pero él no comió aquel exceso de frituras excusándose con un malestar estomacal. Después mediodía dieron media vuelta para partir al encuentro con lo desconocido, la lancha saltando con una inusitada alegría sobre la corriente virulenta que se perdía en los confines del país. Remontaron los Barrancos de Guaritico, avistando a lo lejos Puerto Volcán con un montón de chiquillos saltando al agua de Caño Manamo hasta virar de regreso al sur, bordeando Coporito, cuyas casas crecían a la orilla del agua como hongos junto a la humedad. Durante horas estuvo releyendo los diálogos y ensayando su encuentro con la criatura. Al anochecer, acamparon en una posada de Coporito llamada El Paraíso. 

Elvira lo llamó a las ocho, después de grabar de un Live en Tiktok donde contaba la expedición del día a sus seguidores, y los planes para mañana. 

—¿Cristofer? 

—Aló, sí, Elvira, ¿cómo estás?

—Mamá está mal.

Silencio. Abría y cerraba los dedos pinchados después de medirse el azúcar. 

—¿Ya la operaron?

—Le van a sacar unas pelotas que tiene en la cabeza.

—Hmm... —Le picaron las palmas —. ¿Cuánto te pasó?

—Cristián... —la voz de Elvira se quebró —. ¿Cuándo vas a venir? Yo soy tu hermana... Y mi mamá, nuestra mamá, pregunta por ti cuando cae en consciencia. Sabes que yo no puedo cuidarla sola. 

—¿Y si contratas una enfermera?

Pero su hermana no respondió, solo cortó la llamada. Así solucionaba ella los problemas: los cortaba de raíz y hacía como si no hubieran existido. Así fue cuando Francisco Gascón lo contactó durante su visita a Nueva Bolívar. «El personaje será tremendo, ¿qué les parece esta propuesta de lanzamiento? El primer episodio podía grabarse esta tarde en el Metro, porque han habido reportes de fenómenos... ¿Y si vamos al Tigre, a visitar esas fincas donde el diablo guarda un ganado fantasma? Mira que yo conozco a Vicente Belloriní, ¿no? Él fue guionista de Voces del Más Allá, ¿vieron ese programa de RCTV? Era tremendo, lastima que todo quebró cuando Rómulo Marcano la cerró. Lo bueno es que tenemos las redes sociales y las plataformas de streaming, ¿qué te parece este contrato? También podemos conseguirte una entrevista con Carlos Orsetti, que es de los más famosos del país, y, y, y, y... Olvídate eso de vivir en el Llano Negro, y dormir con ventilador. Ustedes van a empezar a dormir en hoteles cinco estrellas y a comer lo mejor. Nada de lentejas con yuca, ¿okey? Miren que los voy a convertir en estrellas, ¿aceptan?».

Pero Elvira no quería ser una payasa de los medios. Ella decía que la dignidad no tenía precio, y que por muchos cientos de dólares que le envié al mes, eso no compraría nada valioso. Que ella seguiría criando los cochinos con su papá, y sembrando plátano y maíz. No siquiera cuando les compró una camioneta Pickup último modelo, se lo agradeció y solo la aceptaron porque su papá le escondió las llaves. Estaba ahorrando para comprar unas cabezas de ganado y llegar a la finca con un cargamento de aires acondicionados, una planta de gasoil, camas King Size y construir una buena casa en el terreno. Quizás comprar más hectáreas, tractores, contratar obreros, comprar más caballos, montar una buena caballeriza, cercar el hato, y una larga lista de cosas que se le ocurrían conforme pensaba en volver a casa. Solo le quedaba un año de contrato, y utilizaría sus ganancias, guardadas con sagacidad en divisas y oro, para que el dinero no volviera a ser un problema. 

—¿Hijo? —Francisco aporreó la puerta —. ¿Estás despierto? ¡Es una emergencia!

—¿Qué pasa?

—Es Carlos Orsetti —venía con el rostro blanco cubierto de sudor y la barriga asomando bajo la franela —. Acaba de subir una tiradera dedicada a ti.

Sintió unas lombrices asquerosas revoloteando en sus tripas.

—¿En serio?

—Ah, vaina —Francisco frunció sus labios. Parecía un bebé con barba —. Mira, acá está diciendo que nuestro contenido es falso. Está analizando tus mejores vídeos, ¿te acuerdas de ese corto que hicimos sobre el Lago de Maracaibo? Y también sobre lo que pasó con el Caimán Gigante en Ciudad Bolívar, andan comentando que los pescadores mataron al monstruo y tú fuiste a tomarte fotos sobre el cuerpo diciendo que fuiste tú. Está prendido eso en las redes, te andan «funando» con comentarios fuertes y mensajes privados diciendo que eres otro estafador. ¿Pero qué le hiciste a ese muchacho que habló tan feo de ti? Y la gente de Ciudad Bolívar te anda tirando un mierdero, de verdad que... No sé qué decirte, Cristofer, la vaina está ruda. Lo mejor es que grabemos el vídeo de la anaconda gigante, y desaparezcamos un tiempo. Los muchachos andan pensando cómo defenderte, y es que nos metimos en un mierdero, hasta utiliza las grabaciones de su entrevista contigo cuando te estábamos lanzando. Mira que es bien cínico el hombrecito, ¿quieres que redactemos un discurso de disculpa para la gente de Ciudad Bolívar por las atribuciones? También podríamos esperar que se apague un poco la cosa, pero andas perdiendo seguidores por montones. Mejor es que no veas las redes.

Tarde, ya tenía el rostro iluminado por la pantalla del teléfono y leía los comentarios despectivos en el vídeo original de Carlos Orsetti: La verdad detrás de Cristofer Ramírez. La mayoría expresaba decepción, sospechas cumplidas y retroalimentaba ese odio invisible creciente en la atmósfera sobre todo lo relacionado a la imagen del Cazador. En Facebook habían publicaciones recién redactadas y memes en grupos de chamos sobre sus monstruos de plástico, su colmillo falso, y sus «historias sacadas del culo». Y lloró, allí solo, viendo los vídeos cargados de odio de supuestos fanáticos aprovechando la oleada para sumar seguidores. Se preguntó si su hermana ya había visto toda aquella masa incandescente que crecía a su alrededor y lo convertían en un ser repulsivo, insignificante, una paria para la patria y la familia. Un ciudadano ejemplar caído en la deshonra.

Al día siguiente no partió la lancha porque hubo un repunte en sus vídeos, llenándose de comentarios negativos y etiquetando su perfil en interacciones que buscaban vaciar de credibilidad todas sus aventuras por Occidente y el Llano Negro. ¿Por qué decían todas esas cosas? Él solo siguió un guión, actuó de un personaje fantástico y siguió todas las indicaciones del equipo de Francisco Gascón. No salió hasta el mediodía, y se obligó a comer para que su azúcar no sufriera un descenso drástico. Pero el show debía continuar, y partieron al otro día con la esperanza de grabar las tomas de acción del Cazador contra la Madre de Agua. Francisco gesticulaba con elocuencia ante su equipo, visiblemente preocupado por la reputación de su obra maestra, pero sobrellevando todo con humor ante las caídas en los números y el desprestigio.

A machete limpio, papá. Solo hace falta un enfrentamiento del hombre contra la naturaleza para avivar las llamas en el corazón de los seguidores más leales. Un verdadero monstruo, sacado de las profundidades amazónicas, capaz de volcar lanchas y tragarse una persona entera. Crudo y sin censura. Como en la mejor época de la televisión venezolana, cuando La Mujer de Judas y Somos Tú y Yo estuvieron al aire. Solo necesitaba un empujón más, volver a ser viral, para destronar al tirano de Carlos Orsetti. Sí.

Bordearon Coporita hasta descender nuevamente por las Barrancas del Orinoco, sintiendo el viento como algo ajeno y perdido que pasaba a través de su cuerpo como por los orificios de un colador, arrancando consigo la sustancia interna de su espíritu. Llegaron al encuentro de cauces de Isla Mata-Mata y retomaron un curso que se perdía a tierras indígenas, donde la ilusión de civilización se perdía en la eternidad de la arboleda tupida y las fieras que corrían ante el ronroneo desconocido del motor. Dejaron atrás Sacupana, con unos indígenas tejiendo bohios, hasta llegar al laberinto de los Mil Ríos: paraje solitario que se fragmentaba en numerosos cursos angostos, uniéndose y saltando en espumosas vertientes hasta desembocar en el océano Atlántico. 

Fue allí donde la mítica batalla se llevaría a cabo, iba ser transmitida en vivo pero dado los últimos acontecimientos, sería pregrabada para su utilización en una película de último momento. Francisco sonreía con animosidad ante los ríos lejanos divididos por franjas verdes, en los que se veía la sombra curvilínea del monstruo animatrónico de quince metros. Invento de un equipo de técnicos de Nueva Bolívar que utilizó moldes de goma, motores acuáticos y efectos especiales para replicar las vértebras de una Titanoboa. Los anillos del monstruo asomaron del agua amarilla, jorobas pardas de un cuerpo tan ancho como un tronco que se hundía y contorseonaba, simulando los movimientos de una víbora inmensa arrastrada por la corriente. Un ser ultrajado del inframundo submarino hasta las cordilleras antárticas por el ascenso en la temperatura del planeta.

Intercambió una mirada con Francisco, y se arrancó la cobertura de plata del colmillo izquierdo con los dedos. La boca le supo a sangre, y se la tiró a los pies al gordo. El productor sonrió con tristeza y asintió, mostrando el pulgar. Entendió cuándo una estrella se había quemado.

«¿Cuándo vas a bajar? ¿Cuándo vas a aterrizar?». ¿Qué esperas, muchacho? Este es tu momento. Francisco le señaló la corriente, que arrastraba todo al alma infinita del mar. Machete en mano, Cristofer sonrió a la cámara, esta vez no llevaba el colmillo de plata en los dientes ensangrentados. «Tendría que haberme quedado en el campo... Tendría que haber escuchado a mi viejo». Y saltó, de cabeza al agua fría que chisporroteaba amarilla como un río de azufre. Al hundirse, sintió un relámpago subiendo de sus pies hasta su cerebro. «Sabes que no puedes tenerme para siempre... No firmé nada contigo». La serpiente a lo lejos asomó una cabeza prehistórica, titánica, oscura, inmensa. Pero él siguió nadando, había perdido el machete, y se perdía, a lo largo... un alma inmensa precipitada al abismo. «No soy un regalo para que lo abran tus amigos... Este chamo es muy joven para quejarse».

—¡Chao Camino Amarillo! —Gritó, dando brazadas al agua, dejando atrás la serpiente gigante mientras la corriente multiplicaba su velocidad —. ¡Donde ladran los perros de la sociedad! ¡No puedes encerrarme en tu cuarto! ¡Me voy de vuelta a mi rancho! ¡Otra vez al canto de la paraulata en el monte! ¡Cazando la dante mata gallinas! ¡¡¡Aprendí que mi futuro está más allá del Camino Amarillo!!!

«Quizás consigas un reemplazo... Hay muchos como yo por encontrar». El mar se abría como una cavidad azul en la que cabía el mundo, más allá del agua revuelto que los ríos traían de las entrañas del país. Lo llamaban a gritos, pero no oía nada. Reía de felicidad, estaba llorando. «Perros callejeros sin un Bolívar... Oliendo migajas como tú en el piso». 

—¡CHAO CAMINO AMARILLO! —Aulló, con un nudo en la garganta, batiendo las manos y los pies sobre la corriente mezclada con los desperdicios —. ¡Donde ladran los perros de la sociedad! ¡No puedes guardarme en tu casa! ¡Me voy de vuelta a mi rancho!


Antología: Duendes y Espantos

Gerardo Steinfeld 2026

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