El Motopirueta Sin Cabeza
Esto que les voy a contar, convives, me pasó una noche que andaba malandrizado pora'llá por Los Coquitos con el pana Darwin, Wilkerson El Loco y el becerro del Bladimir. En este mundo hay vainas que no entendemos, y verga... esa noche cuando venÃa en la Bera, ¿tas claro? Se me aparece ese espanto y casi me estrello, mamagüevo. Te lo juro, mano. Primera vez en mi vida que me pasa algo asÃ, que llegué rezando y maldiciendo a todo el mundo en mi casa. Y es que yo creÃa que eso de un motorizado sin cabeza era pura paja, y seguro tú no me vas a creer porque vas a decir: qué pim, qué pam, y al final yo estaba medio prendio'. En algún punto las estrellas se estaban cayendo, asà bien Carteluo, en la noche toda, y el Puente, ¿tas cla'? No vayas a pensar que fue el Crippy, que me puso a ver muertos, eso fue real que me muera. Pero dejame contarte la vaina bien, pa que veas porque nunca tienes que pasar por esa autopista a las tres de la mañana.
¿Cómo dice esa salsita que se volvió a pegar a principios del año? Ah, ya me acordé: entré lo peor, de lo peor, soy el peor; bueno, como te venÃa contando, me fui con Darwin pa una comparsa que habÃa en Los Coquitos. ¿Te acuerdas de la Bera fucsia que me compré cuando llegué de la mina por primera vez? Esa misma, y suéltale. ¡Soy lo peor...! Y nos lanzamos al lÃo porque el Becerro de Bladimir andaba cuadrando con unas perillas, y éramos nosotros mismos en la pista. Ese loco siempre ha sido un sadico, saliendo con pura chamita de quince años, y metiéndoles mano a cada ratico. Quién lo viera, la otra vez pensamos que era una primita del Manteco hasta que le metió la lengua. Y creo que sà eran primos los coño e' madre.
Bueno, en esa comparsa conocà a la Kimberly, ¿tas cla'? La que serÃa la mamá de mi primer hijo, y le hubiera metido el segundo si no se hubiera ido pa Brasil con ese mamagüevo de la Machito. ¿Mamapinga y si pones una salsa erótica que me ando durmiendo? ¡Esa, esa misma...! Nos encontramos al Loco en el Paseo, ¿te acuerdas por qué le dicen asÃ? El Wilkerson dice que es deportista, y se la pasa alzando caballito en Las Moreas, ese querÃa que le dijeran Willi La Maravilla, pero más bien los convives de Bola Ocho le decÃan La Locura, porque se lanzaba unas acrobacias tremendas en la moto del papá, hasta que se cayó y se rompió la pata. La mamá estuvo vendiendo rifa y haciendo sopa para pagarle los clavos, y ahora le decimos El Loco. Siempre que salimos, su mamá nos hace jurar que no le demos el volante de una moto, pero el hombrecito es arrecho y sigue alzando la moto como si fuera a despegar. ¿No tienes una de Eddie Santiago? Dejamos mi moto donde Wilkerson y nos fuimos a pata.
Total es que nos encontramos con las locas de Bladimir, y les caÃmos de una, y nos pusimos a bailar allà en la calle que andaba prendida la miniteca. HabÃa un gentÃo, oÃste, y unos locos que se nos quedaban viendo feo. Yo ya andaba cuadrando con la Kimberly, ¿tas claro? El Brayan andaba pegado con la Brittany, que era una menorcita del liceo, y el Loco era lengua y lengua con una morena con el pelo explotao'. Era una comparsa de Calipso, y andábamos todo sudados y tomando de un termo que cargaba Darwin, donde habÃa mezclado sangrÃa con Seven Up, y la pasamos calidad. HabÃan hasta unos diablos con unos látigos que le daban duro al piso y sacaban chispas, y un pingazo de tambores.
La comparsa partió de Los Coquitos con un gentÃo gozando la vaina, subió por la calle está de la Lagunita hasta un redondel, y allà nos conseguimos con Bola Ocho, que andaba enculebrado con unos locos que andaban oliendo perico, y que fueron los que nos miraban feo porque resulta que la Brittany fue mujer de uno de esos. El gordo Bola Ocho nos dijo «mosca, que en cualquier momento de prende el peo». Y uno disfrutando de la vaina conciente, porque la Kimberly decÃa que le habÃa visto una pistola a uno de esos que nos veÃan de lejos. Yo siempre he sido un chamo honesto, ¿tas cla'? Siempre una gozadera y un respeto, pero el Bola Ocho andaba asustado porque uno de los suyos se habÃa robado una moto y lo tenÃan fichado en el barrio de donde venÃan los locos. Entonces el camión con los cajones arrancó para la Octava Estrella, y uno picó alante con las mujeres ya presintiendo lo malo. Ya era de noche y andabamos medio rascados, ¿te molesta si prendo un cigarrito? Es que me ando acordando de la Kimberly, que me habÃa dado un beso en el cuello y andaba loco ya.
Resulta que Bola Ocho se habÃa ido con otros locos para buscar a los que estaban pendiente de un beta, y nosotros nos fuimos pa casa de Wilkerson, por allà mismito, por el Hipódromo Viejo, ¿tas cla'? Caminando con las locas porque según él tenÃa otra sangrÃa en su nevera. Yo habÃa llegado recién de una vuelta en la mina y tenÃa plata y les brinde unos perros a los muchachos, y Brayan puso pa otra botella y el Darwin se botó con unas mezclas eroticas pa sacar a bailar a las muchachas. Se nos hicieron las tres de la mañana, y las locas querÃan irse con uno. El Loco ya estaba encuartado con una echándole machete, y los otros se habÃan ido a hablar vaina porque el Darwin querÃa irse pa Brasil. Total es que la morena del pelo explotado se habÃa quedado dormido en la silla y yo tenÃa a la Kimberly montada encima, y querÃa llevármela pa la casa. Y le hablé claro: le dije, ¿quieres? Y la loca se reÃa y me agarraba los tatuajes. Ya tú sabes pa dónde iba la vaina. Tú estás claro que yo vivo pa Marhuanta, y tenÃa que dar un vueltón vÃa al Puente para coger la Perimetral, pero yo tenÃa ese machete bien parao' y la loca tenÃa ganas. Entonces la monté en mi Bera, y salimos en alta por la avenida del Paseo Orinoco. Tas claro que a esa hora no pasa ni un carro, y es un beta montar la moto en más de cien por las curvas. Total es que llegamos rapidÃsimo a la Menca de Leoni, por el elevado, y agarré recto hasta el peaje del Puente Angostura con la moto en cien. Acá es donde la vaina se pone rara, la Kimberly me gritaba al oÃdo: ¿tú lo ves, tú lo ves? Y yo viendo pa lante en esa carretera pelada sin un bombillo. Yo no sé si en verdad vi al motorizado parado en el peaje, solo sé que agarré la perimetral en toda la entrada del puente y la Kimberly me decÃa que acelere. Que nos estaban persiguiendo.
¿Tremendo, verdad? Hay una primera vez para cada pecado. Yo pensé que era un policÃa asqueroso, de esos que te quitan hasta cincuenta dólares por la hora, pero veÃa por los retrovisores y no habÃa nada. Y no querÃa echar la cabeza pa'trás porque podÃa perder el control a esa velocidad. Yo estaba casi volando sobre el asfalto, y como eso es puro monte no podÃa pararme por na'. ¿Te molesta si prendo un poquito de esta basura? No vayas a creer que la consumo a cada rato, es que esto es... una cosa seria oyó. Tiene un Crippy muy diluido, mira que hasta le cuesta prender. Bueno, yo andaba ya por Los Próceres y veÃa por los espejos como esa luz nos seguÃa. Y me sentÃa raro, ¿tas claro? Yo no sé qué hay en esa carretera, pues muchos motorizados se han matado en lo que va de año. De repente el alcohol, y la emoción, y todo eso se me metió por los ojos. Lo que sà es que era como un motor grandÃsimo, y se oÃa una canción de salsa alterada, como si los sintetizadores analógicos vinieran de un lugar lejano. ¿Estás claro?Más allá de la Tierra y el Sol, como traspasando las fronteras del universo. Y mira que... veo por el espejo que ese motorizado nos alcanza, y Kimberly me grita que acelere mientras yo agarro la curva por las Tres Brisas. Y te lo juro, mano, lo que me estaba persiguiendo no era una persona. Era un piloto sin cabeza sobre una moto del tamaño de un burro, sÃ. Me tocó acelerar con la mujer llorando del miedo, mientras sentÃa aquel monstruo pegado de la moto mÃa, y nada... no miré más por los espejos mientras aquel escándalo me dejaba sordo. Pero el otro aceleró, alzando caballito como un toro, y pasó mi moto como haciéndome perder el control. Eso fue como si un espanto se alzara sobre un caballo mecánico con un pitido que me dejó los oÃdos roncos. Y tenÃa una chaqueta de mototaxi con bandas reflectantes que incandilaban, mano, y la parrilla estaba echando chispas que me caÃan en los ojos al raspar el asfalto. No tenÃa nada sobre los hombros, te lo juro que me muera, pero tenÃa un casco en la mano, y estaba a punto de lanzármelo. Pero yo aproveché, y viré para otro lado y me le fui por la Simón BolÃvar por el elevado. Nojoda, eso sà fue arrecho. La luz nos siguió, según constante por los retrovisores, pero después de un rato se fue también. Lo perdimos por Los Ponemos y nos fuimos hasta mi ranchito en Veinticuatro de Julio, y allà pasamos la noche.
Pero nada, la Kimberly andaba cagadÃsima y esa noche no me la donó. Tampoco es que tenÃa muchas ganas, ya que llegué con las bolas en la garganta y las piernas dormidas. Ambos estábamos hediondos a gasolina y caucho quemado. Y nos acostamos con ropa y todo, y yo me quedé pensando, sin poder dormir, y yo no sé qué habÃa pasado, ¿sabes? Puede que solo sea una vaina que se aparece allà donde han habido tantos accidentes. No sé, ahora que tengo la mente clara pienso que la consciencia creó el universo, y no te lo digo porque esté fumando marihuana. Osea, la realidad solo existe porque nosotros la visualizamos: sin cerebro, el universo solo es una sopa de partÃculas sin sentido. Pero en esa sopa, hay cosas que la mente proyecta. Bueno, convive, yo estoy claro en lo claro, cuando les digo que ese Motopirueta me persiguió, y parece que no soy el único al que lo ha retado a correr. Mira que un loco de Las Casitas le aceptó el reto desde el Puente hasta el final de Marhuanta, pero llegó segundo y le mocharon los pies en el Ruiz y Páez. Bola Ocho también lo vio, pero ese loco es más mentiroso que el coño.
En esta ciudad pasan cosas raras, y manejar por sus calles de noche es darle chance a los demonios que invocan las brujas en sus altares. Mira que el Diablo de Guayana vende oro en el Paseo de tarde. Sapegato, loco.
AntologÃa: Duendes y Espantos
Gerardo Steinfeld 2026
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